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Toronto (TIFF), una historia de cines africanos

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Aquí, en la Península, el eco de las noticias sobre los festivales de cine se concentra en el tridente Berlinale, Venecia y Cannes. Desde el otro lado del charco, Sundance (cuna del cine independiente) y la gala de los Oscar mueven a profanos del séptimo arte a mirar los ranking, nominados y, también, los últimos gritos en la moda de la esfera cultural. Pero septiembre deja huella en otro encuentro anual, quizás el festival más importante en el conjunto de América del Norte e igualado en importancia con Cannes: el Festival Internacional de Cine de Toronto (TIFF), en Canadá. Este año del 4 hasta el 14 septiembre.

Esta cita es considerada como una de las paradas serias antes de los Oscar y puede proporcionar algunas pistas de por dónde irán los tiros en los premios que cada febrero otorga la academia norteamericana. Pero además es el único festival (teniendo en cuenta el peso e importancia) donde no hay ni jurado ni reglas de competencia y donde los premios los decide la audiencia, más allá de los galardones especiales otorgados por la crítica o las diferentes organizaciones que se dan cinta en el TIFF. Así que desde 1976, Toronto sigue presumiendo del lema del que hicieron gala sus fundadores William Marshall, Henk van der Kolk y Dusty Cohl, “un festival de festivales”.

El programa de este año tiene una clara presencia de cines africanos así que os dejamos la lista para que le sigáis de cerca la pista a estos realizadores.. En primer lugar, tres de los títulos favoritos de este 2014: Timbuktu, del mauritano Abderrahmane Sissako (Sección Master). Esta película fue presentada en Cannes 2014 como la única película africana en competición y recibió la distinción del Premio del Jurado Ecuménico y el Premio François Chalais. La película también ha sido presentada en el Festival de Cine de Sydney en 2014. Timbuktu es una ficción basada en hechos reales para la cual Sissako se inspiró en la pequeña ciudad de Aguelhok, en Malí, en julio de 2012, donde una pareja de unos treinta años fue apedreada en público por haber tenido hijos fuera del matrimonio. Las otras películas con opciones son Run, del franco-marfileño Philippe Lacôte (sección Discovery) y el documental Examen d’état, del congolés Dieudo Hamadi (sección TIFF Docs) que fue premiada en el Festival Cinéma du Réel de Paris 2014 con los premios de la Scam y de los editores.

En la sección cortometrajes encontramos The Goat, del sudafricano John Trengove (Programa Internacional de Cortometrajes 5), presentada en la sección Generation de la Berlinale 2014 y Chop My Money, un viaje por la República Democrática del Congo (RDC) dirigido por el cineasta estadounidense Theo Anthony (Programa Internacional de Cortometrajes 1). Especial atención mostraremos a la reacción del público con las cuatro películas de la colección Stories Of Our Lives, sobre la represión de la homosexualidad en Kenia, producidas por el sudafricano Steven Markovitz (sección Discovery). Del mismo modo, el documental Beats of the Antonov del reportero de guerra sudanés Hajooj Kuka, y también producido por Steven Markovitz, presentarán al país en el escenario internacional de una forma poco habitual: sones de guerra y día a día mezclado con la cultura local.

Finalmente se podrán visionar placeres como los largometrajes Impunity, del sudafricano Jioyi Mistri (sección Contemporary World Cinema), The Narrow Frame of Midnight, de la marroquí-iraquí Tala Hadid y la película senegalesa Une simple parole de las hermanas Khady and Mariama Sylla. Lamentablemente esta fue la última película de Khady Sylla que murió en octubre 2013 (sección Wavelengths). Antes de su fallecimiento, Lhady dirigió Une fenêtre ouverte, en 2005, y Colobane Express, en 2006.

Viajar como antídoto contra el pasado: “Mille soleils”

Fotograma de la película Touki Bouki (1972), dirigida por Djibril Diop Mambety.

Fotograma de la película Touki Bouki (1972), dirigida por Djibril Diop Mambety.

Han pasado cuarenta años desde que los corazones de Mory y Anta quedaran desgajados en el puerto de Dakar tras el rodaje de Touki Bouki (Mambety, 1972). Mil vidas. Mil relojes ya sin cuerda. Mil soles. Con este ancla en el presente, retoma el guión del documental Mille soleils (2013) la hija del músico Wasi Diop y, por lo tanto, la sobrina de uno de los cineastas africanos más legendarios: Djibril Diop Mambety. En este documental de 45 minutos, donde la ficción penetra en la retina camuflada por la actuación impasible y cualificada de Magaye Niang (Mory), la directora Mati Diop, nacida en París, revisita con delicadeza una ecuación cargada de patrimonio: la huida (marcharse) frente a la espera (quedarse). “¿Viajar? ¿Era necesario?”.

Mati Diop, directora de 'Milles soleil', premio al mejor documental en el FCAT Córdoba.

Sin duda, Mille Soleils se presenta como uno de los documentales con más peso en lo que va de año tras alzarse con el Gran Premio en la competición oficial del Festival Internacional de Cine Documental de Marsella (FID) el pasado julio y, más recientemente, con el Griot al mejor documental en el Festival de Cine Africano de Córdoba (FCAT). El film, que abre con una imagen de la Dakar contemporánea que devora vidas en el frenesí rutinario frente a la tradición del pastoreo de bueyes representada por Mory, continúa contraponiendo a dos generaciones: la que tuvo en sus manos la utopía de una verdadera independencia de la metrópolis francesa pero no supo encauzar sus esfuerzos mediante la vía política, y la de los jóvenes indignados que tienen nuevas herramientas para el cambio social como son las nuevas tecnologías o la música encabezada por el Hip Hop y el RAP.

Quizás una de las escenas donde se materializa de forma clara la posición de Mati Diop sea en la conversación que mantiene el protagonista con un taxista -que no es otro que el rapero Djily Bagdad, líder del grupo 5kiem Underground. “Cada generación tiene su misión”, le reprocha el conductor mientras se suceden dos discursos: por un lado, las imágenes reales grabadas durante las movilizaciones del 2011 promovidas por la plataforma Y’en a marre (¡Ya estamos hartos!) en protesta por el aumento del coste de vida, el elevado paro juvenil o los fracasos en las políticas educativas y sanitarias del, en aquel entonces presidente de Senegal, Abdoulaye Wade; y, por otro lado, la emisora de radio que tiene sintonizada el taxista en la que se percibe el malestar social: “Cuarenta años de socialismo en el que se nos decía que todo iba a cambiar pero no ha sido así. Nosotros somos el poder, nosotros somos el pueblo”.

Fotograma del actor Magaye Niang que interpreta a Mory cuarenta años después.

Los matices -muchos- cuarenta años después han variado, pero perdura la esencia innata de mejorar el contexto en el que uno vive. Mambety dibujó con precisión en 1972 a dos jóvenes inconformistas que soñaron con un futuro mejor que nunca llegó, que para alcanzarlo se liberaron de un pasado local, y cuyas historias confluyeron en amor y rebeldía rumbo a Europa. Y Diop en Mille Soleils presenta una historia sobre la familia, la transmisión, la herencia y la ruptura donde la historia personal del protagonista se difumina con la propia historia del cine.

El juicio que se plantea al espectador no es para nada sutil: los desgarrados que se quedan en tierra, representados por los animales que permanecen inocentes en el matadero antes de su muerte, y los que comprendieron el concepto del hogar una vez que salieron y tuvieron que confrontar el dolor y el miedo, representados por Anta (Marème Diang). “¿Viajar? ¿Era necesario?”. El movimiento final que plantea el documental no solo es geográfico sino introspectivo apelando a la conciencia del tiempo.

Artículo publicado en Wiriko

“El lujo de la crisis cinematográfica es la convicción”

Entrevista al director de cine senegalés Ousmane William Mbaye.

Ousmane William Mbaye. Foto: Carlos Bajo Erro

La cita es en el Instituto Francés de Dakar, ubicado en pleno centro. La temperatura sigue humedeciendo el ambiente de una ciudad que se encuentra entre el rojo atardecer y los rezos que llaman a la oración; son cerca de las 19:00 horas y la brisa marina continúa en huelga. La siempre vitalidad de la calle, aunque durante unos días venida a menos por la reciente fiesta del cordero para los musulmanes (la Tabaski), contrasta con el interior de la sede cultural francesa, con regusto a salón de café en la orilla del Sena y oasis adaptado para expatriados. Hay buena música, está sonando la Orquesta Baobab, y los ventiladores de techo aclimatan correctamente la zona del restaurante. Al poco rato, el director senegalés Ousmane William Mbaye aparece tras terminar una entrevista con una periodista del Le Quotiden. Su metro noventa no pasa desapercibido. Sonríe, me da la mano, se la lleva al pecho y toma asiento.

Nos hemos citado con William Mbaye con motivo de la previa mundial de su nuevo documental Presidente Dia que tendrá lugar esta misma tarde en el Instituto Francés de Dakar. Se trata de una película de 52 minutos que narra el ambiente político del Senegal de 1962. El 17 de diciembre de ese año, Mamadou Dia, Presidente del Gobierno de Senegal, fue arrestado y acusado de intento de golpe de Estado por su amigo y compañero Leopold Sedar Senghor. Dia será encarcelado con cuatro ministros más y la Constitución sería modificada; el régimen presidencial sucedió al parlamentario y todos los poderes le fueron dados a Senghor. Las posturas irreconciliables entre el pro occidentalismo de Senghor y el rupturismo con las antiguas estructuras coloniales que defendía Mamadou Dia motivaron los acontecimientos.

La película ha sido seleccionada para el Festival Internacional de Cine Histórico de Pessac (Francia) y para las Jornadas Cinematográficas de Cartago (Túnez). Además hoy, 6 de noviembre, es un día especial: se conmemora el fallecimiento del que es considerado por la crítica como el padre del cine documental africano: Samba Felix Ndiaye.

¿Qué supone para usted estrenar su película en un día como hoy?

Colaboré con él durante mucho tiempo y para mi es el más grande. Es una gran oportunidad hacer el gran estreno de mi película el día que se conmemora la muerte de Samba Felix. Siempre me acuerdo de él: por sus enseñanzas, por su filosofía, por su forma de analizar el cine; por su saber hacer en la pantalla y por su militancia para con el cine documental. Es un privilegio.

¿Cómo cree que va a reaccionar el público ante un documental histórico y político que narra unos hechos tan polémicos?

Creo que a la gente le va a gustar porque en Senegal se habla en todos lados de política. La historia de Mamadou Dia y Leopold Sedar Senghor es una historia que se mira de manera diferente dependiendo de la persona, pero, a fin de cuentas, se conoce. Soy consciente de que es una historia comprometida y la propia distancia que nos dan estos cincuenta años que han pasado son fundamentales para el debate.

Entonces, ¿su película puede volver a animar el debate político del Senegal de 1962? ¿Puede ser un punto de partida para reescribir la historia del país?

Sin lugar a dudas. En 1962 tuvo lugar la primera crisis del Senegal independiente. La gente habla mucho del proceso que supuso el encarcelamiento de Mamadou Dia, incluso políticos e intelectuales cuestionan qué hubiera sucedido si Senghor se hubiera mantenido firme ante las prebendas francesas y continuado junto a la ideología más radical de Dia. No obstante, soy consciente que será la primera vez que este tipo de imágenes y declaraciones aparecen en la gran pantalla y presentan una novedad para la sociedad senegalesa; la película puede ser muy interesante para, por qué no, comenzar a reescribir la historia de Senegal. Me parece que la última campaña presidencial que se vivió el pasado febrero se vivió de manera muy tensa precisamente porque la sociedad senegalesa percibía como un atentado la reducción de libertades que se estaba llevando a cabo. El pueblo siempre habla.

El director senegalés posando ante el cartel de su nuevo documental. Foto: Carlos Bajo Erro

¿La decisión de hacer este tipo de cine comprometido socialmente y políticamente, supone una oportunidad o un obstáculo?

Realmente, yo no sé si soy comprometido o no. Pero lo que sí sé, es que hago cine por convicción. Hago el cine que me interesa y pretendo hacer al mismo tiempo trabajos que les puedan interesar a los senegaleses. No sé si mi cine es comercial o no pero desde luego que si me llaman para hacer una película en Hollywood iría… ¡Claro! Considero que actualmente el lujo de la crisis cinematográfica es la convicción. Es decir, puedes hacer el cine que quieres sin que te preocupe en exceso el dinero… Si es que realmente quieres hacer cine.

Pero William, en alguna entrevista, ha afirmado que la nueva generación de documentalistas jóvenes y, en general, de cineastas africanos, es una generación perdida. ¿Por qué?

Bueno, sin medios no se puede trabajar. Puedes decir que eres piloto, pero si no tienes avión no puedes pilotar; en África es parecido. En la sociedad tradicional no hay medios, y esto no es humo, no son fantasmas. Cuando hablo de la generación perdida me refiero justamente a esto, a la falta de medios. Desde los gobiernos no hay financiación, no se motiva desde los colegios, las propias televisiones no compran cine africano… Si mi hijo de 18 años hiciera cine en Senegal ¿qué tendría que hacer? Está claro que lo tendría que hacerlo de forma autómata: grabar la vida de la gente en algún barrio de la ciudad, montar el documental y distribuirlo, pero ¿con qué dinero pagaría la escolarización de sus hijos y le daría de comer a su mujer?

Efectivamente la industria cinematográfica en el África Subsahariana se encuentra en unos momentos difíciles debido a la falta de tejido en el sector y a la reducción aguda de fondos que llegaban de Occidente. ¿Qué factores cree que serían necesarios para favorecer el dinamismo de la industria cinematográfica?

Serían necesarios una organización conjunta de toda la industria cinematográfica y, por supuesto, la financiación y compromiso por parte del Estado y de sus políticas culturales. Durante los años 60 y 70 el Estado senegalés invertía mucho dinero y esfuerzo en la producción del cine senegalés y la prueba del éxito de estas películas en festivales internacionales es evidente. Actualmente, sin embargo, hay un vacío y asociarse, organizarse para combatir la falta de medios y la propia intervención del Estado en las producciones nacionales son dinámicas urgentes.

¿Cuáles son los nuevos escenarios y tendencias del cine documental africano?

En Senegal hay muchísima actividad. Actualmente hay unos 40 documentales que ni siquiera he podido ver por lo que, primero de todo, habría que visiblizar los trabajos que se están haciendo para realizar un análisis más preciso. Sin lugar a duda las nuevas narraciones y los trabajos más personales me interesan. Por otro lado, la ficción de los documentales es algo que va cobrando un fuerte protagonismo. Recuerdo cuando Samba Felix Ndiaye preparaba un ciclo de cine documental y seleccionó películas de ficción. Yo le apunté que se había confundido y él me dijo que mirara atentamente los documentales clásicos y observara cómo la ficción existía; en los planos, o incluso en algunas situaciones que se creaban delante de la cámara. Me parece que los nuevos trabajos apuntarán por la línea de la ficción documental.

Parece que tras el encuentro con William Mbaye, la famosa cita de Samba Felix Ndiaye cobra fuerza: «La utopía sigue siendo válida y el cine es uno de los caminos».

Nota: Aunque Mbaye tiene diversos trabajos realizados y premiados, el documental por el que ha sido reconocido internacionalmente es Mere-Bi, que narra la vida de su madre, Annete Mbaye d’Erneville, la primera mujer periodista de Senegal. Otras películas documentales han sido Fer et Verre, retrato de la pintora senegalesa Anta Germaine Gaye, o Xalima la plue, retrato del músico senegalés Seydina Insa Wade.

http://youtu.be/9SuLecCh0Es

Publicado en Wiriko

 

 

 

El documental africano a examen en Saint Louis

La semana pasada, del 17 al 19 de octubre, veinticinco proyectos se presentaron en el décimo encuentro de coproducción de documentales africanos celebrado en la antigua capital de Senegal, Saint Louis.

Barrio de pescadores a 4 kilómetros del encuentro

El marco se prestaba a la reflexión en un ambiente especializado en el que se encontraban productores africanos (Marruecos, Malí, Níger, Senegal, Burkina Faso, Camerún, Togo, Gabón y Congo Brazaville) y franceses, así como los responsables de las principales vías de difusión con un claro sesgo francófono: Arte Francia; Canal France International; Cinaps TV; Lyon Capitale TV; Organisation Internationale de la Francophonie (OIF); Lumière du Monde; o uno de los responsables del Festival Internacional de Documental de Agadir (FIDADOC).

El punto de encuentro cada mañana era el Hotel Mermoz, a unos cuatro kilómetros del barrio más cercano, Guet Ndar. Y el contraste era llamativo: por un lado, la tranquilidad de un hotel de lujo en primera línea de playa con piscina, jaimas y menú gastronómico occidental; por otro lado, un barrio de pescadores situado entre el mar y el río, en el que los animales formaban parte del día a día de las calles y en cuyas casas reducidas, sin acceso a la electricidad, podían vivir hasta siete familias; y, por último, un poco más alejada, la parte antigua de la ciudad de Saint Louis que, aunque con aire decadente y colores añejos, conserva todavía la estructura y la arquitectura de la urbe francesa.

Encuentro matinal del Thënk en Saint Louis

Los tres días que han durado los encuentros estaban divididos en dos sesiones: una matinal a la que estaban invitados todos los productores y realizadores, y otra vespertina enfocada a que cada proyecto fuera pasando pequeñas entrevistas con diferentes personalidades relacionadas con el audiovisual. Sin duda, la parte más atractiva era la que tenía lugar por la mañana llamada Tënk, que en wolof, la lengua nacional de Senegal junto al francés, viene a significar ‘presentar un proyecto ante los especialistas’. Efectivamente, las diferentes formas de entender el prisma con el que se enfoca la realidad fue el punto más caliente durante las jornadas entre africanos y franceses. Algunos de los guiones presentados pasaban desapercibidos para lo que algunos productores entendían como negocio o como relevante para un público occidental acostumbrado a determinadas imágenes estereotipadas procedentes del sur del Sáhara.

Mesa redonda donde se presentaban los proyectos.

Este fue el ejemplo del proyecto de la gabonesa Pauline Mvele, Silence… On tue, en el que pretendía hacer un documental sobre los crímenes que se hacen en determinadas partes de su país relacionados con rituales fetichistas y que no son investigados por el Gobierno. Su propia experiencia, asesinaron a su hijo de 12 años, fue lo que la motivó para realizar una investigación profunda que le ha llevado a encontrar a diferentes familias en la misma situación. Cuando Pauline terminó su presentación no tardaron en sucederse las reacciones de los productores franceses que veían este documental como “demasiado violento y descontextualizado”.

En el caso contrario, estuvo el documental, también gabonés, de la realizadora Samantha Biffot, L’ africain qui voulait voler, trabajo que presumiblemente se podrá visionar el próximo año. Se trata de la historia de Luc Bendza, un retrato de superación que le llevó a salir de su país y emigrar a otro continente hasta llegar a convertirse en el primer africano que aprendió la técnica de Kung-Fu, incluso siendo protagonista de diversas películas. Sin duda, un guión mucho más atractivo para los intereses de las televisiones o festivales en Europa. Es interesante como los propios realizadores buscaban a veces producciones exclusivamente africanas o francesas, o, por el contrario, probaban suerte con financiaciones a varias bandas. Este era el camino natural de las tardes en el Hotel Mermoz, la búsqueda de padrinos que apostaran por sus guiones, muchos de ellos ya filmados y editados.

Encuentros vespertinos para buscar cooproducciones

 

El viernes 19, al finalizar las jornadas, hubo vacíos metodológicos más allá de la financiación o participación de productores africanos en estos documentales: ¿Se podrán visionar en los propios países africanos donde son realizados? ¿Cuál es la vida natural de una película documental africana en Occidente? ¿Se reduce a las diferentes proyecciones en festivales de cine especializados? ¿Existe un interés real para desarrollar la industria documental africana desde los gobiernos africanos, al menos, en lo que respecta a estos encuentros? ¿Es el objetivo final de los realizadores africanos ver sus trabajos en televisiones minoritarias como Cinaps TV o Lyon Capitale TV?

Las respuestas a algunas de estas cuestiones no están claras y presentan ambigüedades propias del camino que está siguiendo este género en el África Subsahariana. Esperaremos al próximo año para descubrir las nuevas ideas e inquietudes que vienen desde el África Occidental y si poco a poco las políticas gubernamentales implementan una industria que vaya creando una red en la que el principal foco de interés sea la propia África y no Europa.

 

Senegal: la devoción al poder del Estado

Ahora es Senegal. Y a nadie en su sano juicio y razón europea le interesa que el gigante del África occidental siquiera, patalee. Leer más