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Newz Beat: el hip-hop ugandés o la CNN del gueto

Parte del equipo del programa de radio Newz Beat.

Uganda: el país más joven del mundo, con un 78% de la población menor de 30 años. Entre ellos, ocho de cada diez están en paro. ¿Y si se utilizara el rap como elemento cohesionador? ¿y si la música fuera un recurso habitual y se interpelara directamente al espectador? “Y ¿por qué no?”, responden en un acto de fe los jóvenes raperos ugandeses presentadores de Newz Beat, el nuevo espacio informativo de los fines de semana en la televisión NTV.

Solo tienen cinco minutos de atril pero es más que suficiente para posicionar al hip-hop como “el mejor medio para hacer frente a las noticias sin restricciones, pero también sin problemas. Podemos mezclar la sátira, la ironía y, a veces, incluso un poco de sarcasmo envolviendo las noticias en un flujo moderno de palabras. Podemos tratar las noticias tristes con un poco de humor y podemos abordar ciertos temas con más facilidad que si se hubiera dictado en formato de noticias convencional”, explican. Y como declaración de intenciones nada mejor que acudir a las vacas sagradas del género: “Siempre tenemos presente la cita de Chuck D –rapero estadounidense y principal vocalista y letrista del grupo Public Enemy– quien solía decir que el hip-hop es la CNN del gueto. ¡Y de ahí es donde venimos: desde el estudio a la calle y de vuelta!”.

Un total de ocho miembros forman el equipo de Newz Beat entre el director, los productores de sonido y ejecutivo, el editor, el cámara y los tres presentadores procedentes de la escena musical y que ganan seguidores cada día: Kabuye Zoe alias MC Loy, la más joven del equipo; Bwogi Sharon como Lady Slyke y Daniel Kisekka como Survivor. Este triángulo que está replanteando la forma de presentar los informativos en Uganda ya han cumplido sus primeros diez programas.

Uno de los objetivos que tienen por bandera es el de acercar al espectador a las noticias con una voz diferente y utilizando un tipo de lenguaje más adecuado a los jóvenes como es el del hip-hop o el lugaflow (rap en el idioma luganda). El porqué de este foco quedaba reflejado en el Informe sobre el estado de la población de Uganda de 2013. El país tiene la población más joven del mundo, con más del 78% de su población por debajo de la edad de 30 años. Es decir, que cerca de ocho millones de jóvenes tienen edades comprendidas entre los 15 y los 30 años. Se trata, además de uno de los países con la tasa más alta de desempleo juvenil en el África al sur del Sáhara.

Por este motivo reivindican el hip-hop como canal de transmisión. “Son demasiadas las personas que sienten que no hay conexión entre ellos y las noticias, por eso, al presentar la información de una manera diferente, despiertan su atención y nosotros lo aprovechamos para exponer muchos temas importantes así como cuestiones de interés para nuestra sociedad. Además, al emitirse nuestro programa en el primer canal de Uganda (NTV), también estamos ayudando a hacer del hip-hop una forma más legítima de arte. Está provocando que artistas de la escena estén recibiendo ahora más respeto y consideración. Quizás pueda inspirar también a estos músicos a ser más conscientes con su mensaje en lugar de simplemente copiar las influencias exteriores”.

Otro de los objetivos que persiguen desde el programa Newz Beat es, quizás a pequeña escala, crear una nueva conciencia sobre el uso de la propia lengua de cada uno, al mismo tiempo que observar lo atrevido de hacer malabares con las palabras en formas inesperadas y dejando al margen la lengua colonial. “Aunque tenemos 52 idiomas en Uganda, el inglés es preferido como lengua vehicular a las lenguas indígenas. Sin embargo, el lugaflow sitúa al menos una lengua bajo el microscopio. Esperamos animar a otros a ser creativos en su lengua materna y no tanto con el inglés”.

Y de la idea a la práctica. Empezaron con tres episodios piloto para presentar a los diferentes canales de televisión hasta que finalmente el producto final ha quedado en cuatro programas cada fin de semana: dos veces el sábado y dos veces el domingo, tanto en Inglés como en luganda.

Parece que la época de tinieblas y anarquía durante la década de los setenta y principios de los ochenta bajo el dictador Idi Amín quedan muy lejos. Ni rastro de nostalgia. La transformación y liberalización vivida del sector de los medios de comunicación en Uganda comenzó a finales del 1980 tras la llegada al poder en 1986 del presidente Yoweri Museveni con su partido el Movimiento Nacional de Resistencia (NRM). Con Amín, se utilizaron los medios como una herramienta para la propaganda del gobierno. Ahora el colectivo Newz Beat busca conseguir un socio sólido que los pueda patrocinar en el futuro. “Aunque de momento, nos concentramos en la calidad y la coherencia”, sentencian.

El comodín del hip-hop como libertad de prensa

Hace un año, la policía nacional de Uganda tomaba las oficinas del Daily Mirror, el Red Pepper y dos estaciones de radio, Dembe FM y KFM, por haber publicado una carta filtrada en la que quedaba constancia de los planes del presidente Museveni: preparar a su hijo para la sucesión en las próximas elecciones en 2016. Además según el informe sobre la Libertad de prensa en Uganda en 2013 elaborado por la Red de Derechos Humanos para Periodistas de Uganda (HRNJ-Uganda), el año pasado se registraron un total de 124 ataques contra periodistas. Así, uno de los desafíos de Newz Beat es cómo afrontar las noticias delicadas. “Siempre tratamos de encontrar diferentes ángulos y tratamos de aportar un poco de perspectiva para el espectador en lugar de obstinarnos demasiado con los hechos”.

Uno de los ejemplos recientes ha sido la prohibición del uso de la minifalda por parte del Gobierno. “Realmente, con la noticia del uso o no de la minifalda, los medios de comunicación lo hicieron más grande de lo que realmente es. Nosotros casi lo convertimos más en una broma preguntándonos dónde encontraban el tiempo nuestros diputados para centrarse en estas cuestiones en lugar de focalizarse en los asuntos más urgentes, ¡que son muchos!. También subrayamos que la prohibición de la minifalda no da derecho al hombre a la violación y a contaminar nuestras hermanas y madres menores de cierta autoridad moral extraña. Necesitamos educación moral, no una autoridad moral”.

En esta tendencia desconcertante de loas a unos y correctivos a otros, el pasado febrero, el presidente Museveni firmaba una ley contra los homosexuales en la que dejaba explícito la prohibición de cualquier forma de relación sexual entre personas del mismo sexo así como la promoción o el reconocimiento de tales relaciones. Era la gota que faltaba. Desde Newz Beat señalaron que la influencia extranjera había puesto al presidente en un rincón y que el tema había girado de los derechos de los homosexuales a una cuestión de soberanía. “Primero trajeron la ley anti gay los británicos cuando llegaron a Uganda. Y ahora los americanos nos están diciendo que la quitemos. Sin embargo, ellos no procesan a los predicadores americanos que vienen aquí y defienden la pena de muerte para los homosexuales. No queremos hacer una división de la sociedad más grande, sino tratar de proporcionar un poco de sentido al debate y animar a la gente a pensar por sí misma y fuera de los márgenes establecidos”, matizan.

Al otro lado del continente las dinámicas son parecidas. En Senegal, una música eléctrica y punzante golpea al espectador cada semana: es el Journal Rappé. «Bienvenue, nous avons des nouvelles pour vous!«. Los raperos Xuman recitando en francésy Keyti en wolof informan a una mayoría del país, también joven, en su lenguaje musical y político: el hip-hop. Este año celebran ya su segunda temporada. Y desde Newz Beat le han seguido la pista a estas estrellas con perfil reivindicador y que se han metido a los jóvenes en el bolsillo. ¡Chapeau!

“Estos chicos son un gran ejemplo para nosotros. Leemos mucho acerca de su proceso de producción, comprobamos sus noticias en línea y esperamos establecer una relación con ellos. Realmente nos gustaría que noticias como ésta se extiendan y que otros países nos imiten. Esperamos que algún día conectemos a la comunidad hip-hop a nivel panafricano, compartamos nuestras inquietudes y nos inspiremos los unos de los otros”, apostillan los presentadores ugandeses.

 

 

Viajar como antídoto contra el pasado: “Mille soleils”

Fotograma de la película Touki Bouki (1972), dirigida por Djibril Diop Mambety.

Fotograma de la película Touki Bouki (1972), dirigida por Djibril Diop Mambety.

Han pasado cuarenta años desde que los corazones de Mory y Anta quedaran desgajados en el puerto de Dakar tras el rodaje de Touki Bouki (Mambety, 1972). Mil vidas. Mil relojes ya sin cuerda. Mil soles. Con este ancla en el presente, retoma el guión del documental Mille soleils (2013) la hija del músico Wasi Diop y, por lo tanto, la sobrina de uno de los cineastas africanos más legendarios: Djibril Diop Mambety. En este documental de 45 minutos, donde la ficción penetra en la retina camuflada por la actuación impasible y cualificada de Magaye Niang (Mory), la directora Mati Diop, nacida en París, revisita con delicadeza una ecuación cargada de patrimonio: la huida (marcharse) frente a la espera (quedarse). “¿Viajar? ¿Era necesario?”.

Mati Diop, directora de 'Milles soleil', premio al mejor documental en el FCAT Córdoba.

Sin duda, Mille Soleils se presenta como uno de los documentales con más peso en lo que va de año tras alzarse con el Gran Premio en la competición oficial del Festival Internacional de Cine Documental de Marsella (FID) el pasado julio y, más recientemente, con el Griot al mejor documental en el Festival de Cine Africano de Córdoba (FCAT). El film, que abre con una imagen de la Dakar contemporánea que devora vidas en el frenesí rutinario frente a la tradición del pastoreo de bueyes representada por Mory, continúa contraponiendo a dos generaciones: la que tuvo en sus manos la utopía de una verdadera independencia de la metrópolis francesa pero no supo encauzar sus esfuerzos mediante la vía política, y la de los jóvenes indignados que tienen nuevas herramientas para el cambio social como son las nuevas tecnologías o la música encabezada por el Hip Hop y el RAP.

Quizás una de las escenas donde se materializa de forma clara la posición de Mati Diop sea en la conversación que mantiene el protagonista con un taxista -que no es otro que el rapero Djily Bagdad, líder del grupo 5kiem Underground. “Cada generación tiene su misión”, le reprocha el conductor mientras se suceden dos discursos: por un lado, las imágenes reales grabadas durante las movilizaciones del 2011 promovidas por la plataforma Y’en a marre (¡Ya estamos hartos!) en protesta por el aumento del coste de vida, el elevado paro juvenil o los fracasos en las políticas educativas y sanitarias del, en aquel entonces presidente de Senegal, Abdoulaye Wade; y, por otro lado, la emisora de radio que tiene sintonizada el taxista en la que se percibe el malestar social: “Cuarenta años de socialismo en el que se nos decía que todo iba a cambiar pero no ha sido así. Nosotros somos el poder, nosotros somos el pueblo”.

Fotograma del actor Magaye Niang que interpreta a Mory cuarenta años después.

Los matices -muchos- cuarenta años después han variado, pero perdura la esencia innata de mejorar el contexto en el que uno vive. Mambety dibujó con precisión en 1972 a dos jóvenes inconformistas que soñaron con un futuro mejor que nunca llegó, que para alcanzarlo se liberaron de un pasado local, y cuyas historias confluyeron en amor y rebeldía rumbo a Europa. Y Diop en Mille Soleils presenta una historia sobre la familia, la transmisión, la herencia y la ruptura donde la historia personal del protagonista se difumina con la propia historia del cine.

El juicio que se plantea al espectador no es para nada sutil: los desgarrados que se quedan en tierra, representados por los animales que permanecen inocentes en el matadero antes de su muerte, y los que comprendieron el concepto del hogar una vez que salieron y tuvieron que confrontar el dolor y el miedo, representados por Anta (Marème Diang). “¿Viajar? ¿Era necesario?”. El movimiento final que plantea el documental no solo es geográfico sino introspectivo apelando a la conciencia del tiempo.

Artículo publicado en Wiriko