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Lesotho estrena su primera película

Cartel de la película 'El reino olvidado' de Andrew Mudge.

Cartel de la película ‘El reino olvidado’ de Andrew Mudge.

La ceguera inocente o intencionada con Lesotho provoca que las escasa noticias que nos llegan desde uno de los países más pequeños del continente africano se escriban en versalitas, en rojo y en mayúsculas. El 7 de abril el diario The Guardian alertaba sobre el peligro de que uno de los hospitales más importantes de la capital, Maseru, con financiación pública y privada podía quebrar. La cabecera inglesa subrayaba que el 51% del presupuesto en salud del país se gasta en pagos al consorcio privado dirigido por Netcare con sede en Sudáfrica y el mayor proveedor de atención médica privada en el Reino Unido.

Los lazos coloniales siguen sin romperse. Por este motivo, y desde este atril sobre cine y audiovisuales que ofrece Wiriko, estamos en deuda. El séptimo arte es un espacio cultural específico que sirve de escenario de representación de las dinámicas políticas, donde se configuran imaginarios y donde se interpretan los conflictos. La imagen puede penetrar conciencias volando muy lejos y como decía Benjamin: “La naturaleza que habla a la cámara no es la misma que le habla al ojo”. La tarea de forzarnos a cambiar la percepción es ardua pero aquí os dejamos una noticia que camina en esta dirección y nos muestra ese otro país desde un prisma rico y heterogéneo. Porque Lesotho lo tiene a pesar de Netcare. A pesar de los pesares.

El pasado 4 de abril se estrenaba en Maseru El Reino Olvidado (2014) del director Andrew Mudge, la primera película del país y con el idioma sesotho como principal herramienta de diálogo. Sí, has leído bien: el primer largometraje de Lesotho, país enclavado en Sudáfrica, y que en su primer fin de semana desbancaba de las carteleras a dos trabajos comerciales bajo la impronta hollywoodiense de guión poco elaborado y numerosos efectos especiales como Capitán América y Noé, ambas estrenadas en lo que va de año.

El lugar del estreno tiene también miga, en los Ster-Kinekor, el operador de cine más grande de Sudáfrica con más de 50 salas en este país, según informaba el año pasado la revista Business Report. Quizás, una pista de que será una película que circulará además en Zimbabue, Zambia y Namibia. De momento. Eso sí, el equipo apuesta a caballo vencedor con Chris Roland como productor ejecutivo, y veterano en películas como Hotel Ruanda (2004) o Darfur (2009) o en series como Charlie Jade o The shores.

El Reino Olvidado (The forgotten kingdom) es un poderoso drama acerca de un joven llamado Atang Mokoenya (interpretado por Zenzo Ngqobe) que regresa a su tierra natal en Lesotho para sepultar a su padre. Después de haber vivido casi toda su vida en Johanesburgo, Atang ha perdido el contacto con su cultura y la noción de quién es en realidad; un viaje en el que se verá arrastrado por la belleza mística de Lesotho y donde conectará con su amiga de la infancia, Dineo, de quien se enamora. Pero ganar la aprobación de su padre, ha demostrado ser una tarea muy difícil…

Zenzo y Lebohang en un fotograma de la película. Fuente: http://forgottenkingdomthemovie.com

Zenzo y Lebohang en un fotograma de la película. Fuente: http://forgottenkingdomthemovie.com

El retrato de Atang no está basado en hechos reales, más bien en una serie de historias que el director Andrew Mudge escuchó durante sus dos años en el país: jóvenes que abandonan el hogar en busca de trabajo en la ciudad. Una dinámica que se repite sobre todo desde la última década debido al fuerte crecimiento económico de las capitales del continente y que va de la mano de las grandes oportunidades de empleo que surgen en las urbes así como al nacimiento de una clase media con poder adquisitivo. Sin embargo, y al mismo tiempo, los asentamientos informales con situaciones de miseria en las ciudades se han multiplicado por el perfil de numerosas familias que buscan y esperan una mejor vida.

Como explica su director: “Estaba intrigado por esta idea: un hombre joven enojado que crece en la ciudad y que no encuentra su lugar tiene que afrontar el deber de traer a su padre de vuelta a casa”, comenta Mudge. El guión no deja de ahondar en la búsqueda personal del protagonista, en el yo más alejado de las raíces de la tierra. Por este motivo, la película recuerda a trabajos como: Walkabout (1971) de Nicolas Roeg, en el que dos niños vagan por el desierto australiano, abandonados a su suerte, tras haberse suicidado su padre; a Hombres armados (1997) de John Sayles, en el que el Dr. Fuentes, interpretado por un excelente Federico Luppi, se encuentra en busca de su legado: siete estudiantes de medicina que entrenó para trabajar en villas nativas paupérrimas; o a la película de culto del director estadounidense David Lynch, Una historia verdadera (1999) en la que un anciano que vive en Iowa con una hija discapacitada decide visitar a su hermano, que ha sufrido un infarto y se encuentra a 500 kilómetros, en el único medio de transporte del que dispone: una máquina cortacésped.

El Reino Olvidado es una road movie emocional, el viaje de un hombre, Atang, que sin querer experimenta una transformación en su vida cuando regresa a un lugar que hacía tiempo optó por olvidar. Un trabajo que se rodó en 55 días a lo largo de dos temporadas con un plan de producción “lleno de dificultades, debido a la falta de infraestructuras que hay en Lesotho. Pero a pesar de la escasez de recursos, el equipo pequeño, compuesto en su mayoría por gente local, nos ayudaron mucho”, explica el director.

La película ha sido nominada a nueve premios en la Acdemia de Cine Africana incluyendo Mejor Película, Mejor Director, Mejor Ópera Prima, Mejor Actor (Zenzo Ngqobe) y mejor fotografía. El pequeño Lebohang Ntsane también ha recibido una nominación como Mejor Actor Infantil por su excelente interpretación como joven huérfano. Lebohang fue elegido entre más de 700 jóvenes actores aspirantes en Lesotho. Mañana viernes 11 de abril, El Reino Olvidado se estrenará a nivel nacional en Sudáfrica. Que disfruten el tráiler…

 

La crítica del cine como palabra subterránea

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¿Es el crítico esa persona huérfana que no participa del acto de la creación? ¿Es el camino ser crítico para tener una relación de proximidad con el arte? La disyuntiva entre la naturalidad del arte y la artificialidad de la crítica es uno de los debates en profundidad que se están llevando a cabo en el “Curso-taller crítica de cine” enmarcado en las actividades paralelas del Festival de Cine Africano de Córdoba (FCAT). Hasta el próximo viernes, 25 estudiantes españoles, senegaleses y marroquíes se encuentran diseccionando las líneas maestras de los teóricos del séptimo arte y reflexionando sobre la figura del crítico como mediador cultural e intelectual. Esta iniciativa tiene como objetivo fortalecer la tradición crítica en el continente, además de incluir a las nuevas generaciones de críticos de cine de África, como Marruecos y Senegal, en los circuitos internacionales sobre las cinematografías africanas.

De la mano del crítico de cine español Alfonso Crespo en la dirección académica, expertos cinéfilos como Olivier Barlet (director del portal Africultures), Beatriz Leal (African Film Festival Inc. NYC ), Francisco Algarín y Francisco Benavente (Universidad Pompeu Fabra de Barcelona) tendrán como empresa el desarticular el celuoide para pasar cada fotograma a cámara lenta, y transmitir su pasión por el cine -aunque sea su visión-. Hoy, el turno para Barlet que subarayará el papel del crítico para comprender que la gran reivindicación del cineasta africano es la incertidumbre; ayer, para Leal que insistió en crear sinergias y espacios profesionalizados donde abordar las diferentes temáticas que abordan las películas, específicamente desde Internet.

Ya sea como vocación o como espacio de encuentro, la crítica está pasando por diversas mutaciones entre ellas el espacio que se le reserva en los medios de comunicación, donde la web 2.0 apunta incluso a nuevos entornos donde se puede jugar con imágenes y vídeo para explicar una película sin usar el verbo. La crítica de cine trabaja con la palabra subterránea de los directores de cine y el camino parece estar en pensar de una manera no evolutiva sino, como decía Walter Benjamin, en cuestionar el tiempo; es decir, pasado y presente en una misma constelación a la hora de cuestionar el arte.

La historia del cine es una sucesión de sueños, por lo que trabajar el texto desde diferentes maneras puede ser una de las claves de este curso: realizar análisis no explicativos sino expositivos de los ciertos problemas que surgen en una película. Es decir, buscar la potencia en una disfunción y establecer un conflicto entre lo que se ve y lo que se escucha. Aquí una reflexión más: ¿Qué mundo nos ofrecen los cineastas y cómo nos hacen llegar a ese mundo?

Alumnos del aula de crítica. Foto: Jose Wela.

Alumnos del aula de crítica. Foto: Jose Wela.

Artículo publicado en Wiriko

Black to the future: Frente a narrativas pesimistas, dosis de ficción

Fotograma del cortometraje  "Kichwateli" (en swahili cabeza de TV)  de la artista visual keniana Muchiri Njenga.

Fotograma del cortometraje «Kichwateli» (en swahili cabeza de TV) de la artista visual keniana Muchiri Njenga.

 

Mientras que una gran mayoría de los guiones de cine norteamericanos y europeos se encuentran atrapados en el pasado de África, muchos cineastas africanos parecen estar centrados en el futuro. Así lo vimos la semana pasada cuando mencionábamos que el género de la ciencia ficción en el continente tiene desde hace unos años algunos títulos destacados en la filmografía reciente. Las referencias a cuestiones socioeconómicas actuales y pasadas así como las cuestiones de la explotación de los recursos y la pobreza se vinculan al uso de aspectos religiosos que conectan con la tecnología de una manera transparente: robots, ritos tradicionales de iniciación, percepción extra-sensorial, narraciones quiméricas o las referencias a las visitas del espacio exterior. Sin duda, contribuciones ya existentes de escritores africanos como Ben Okri y Wole Soyinka, que con su realismo mágico se acercaban al futuro con elementos futuristas que emanaban de la propia cultura. Os presentamos hoy tres propuestas que continúan nuestra serie Black to the future.

Estos aspectos que trasgreden fronteras y violan los conceptos creativos impuestos son ricos en una mitología que migra, que se articula con la ciencia ficción contemporánea y que se basa en gran medida en los motivos de la transformación, la hibridez y la percepción de mezcla de géneros para ofrecer alternativas viables a la destrucción del tecno-capitalismo. Esta fórmula nos aleja de los mitos occidentales comunes que apuntalan la impotencia africana y reafirma a la ciencia ficción, este afrofuturismo, como una poderosa herramienta para el cambio sincrético, para una re-evaluación y una nueva exploración.

 

Kichwateli (2012), del keniano Muchiri Njenga

Pero, un momento. ¿No son las películas que salen de este continente deprimentes? Efectivamente, hasta el momento de las independencias africanas (léase emancipaciones) los directores africanos no tuvieron la oportunidad de encontrar un equilibrio para mostrar su propia realidad, una representación que hasta el momento había estado en manos de las metrópolis. Sin embargo, las grandes producciones hollywoodienses modernas que muestran África como Hotel Ruanda (2004), El jardinero fiel (2005), Diamantes de sangre (2006) o el Último rey de Escocia (2006) inciden en un discurso pesimista: un continente oscuro, pobre y corrupto. El común denominador de estos guiones es que un personaje viene desde fuera (Europa o EEUU) ya sea un periodista o médico para ayudar y observar. Estas simpatías modernas se basan en las buenas intenciones pero que someten a examen esa carga/culpabilidad del hombre blanco. Estas ‘visiones de la historia’ con su componente de realidad siguen siendo mostradas por forasteros; versiones alejadas a la de los propios africanos.

Kichwateli es un cortometraje poético ambientado en un barrio pobre de África en un ambiente post-apocalíptico que lleva al espectador a un viaje espiritual y metafórico a través del sueño de un niño. La película mezcla imágenes de ficción con la realidad de un niño que camina con una TV en vivo en su cabeza; una metáfora de las consecuencias perversas de los medios de masas en una generación de jóvenes o de la sociedad en general. Kichwateli es un sinónimo visual de la ansiedad mundial y al mismo tiempo un reflejo de nosotros mismos expuestos al escrutinio de ese Gran Hermano. Como Carl Sagan apuntara “nuestro planeta es una mota solitaria en la gran envolvente oscuridad cósmica. En nuestra oscuridad, en toda esta vastedad, no hay ningún indicio de que la ayuda llegará desde algún otro lugar para salvarnos de nosotros mismos»

De la misma manera afrofuturista os presentamos la obra de John Akomfrah. El ladrón de datos es un hacker cuyo desplazamiento, la alienación cultural y la alteridad forzosa están basadas en las relaciones entre la cultura panafricana, la ciencia ficción, un viaje intergaláctico y la rápida progresión de la informática. A través de entrevistas El último ángel de la historia (1996) mantiene el hilo argumentativo intercalándolo con imágenes de la vida panafricana en diferentes épocas de la historia, saltando entre el tiempo y el espacio; una forma no muy diferente a la navegación por Internet.

El último ángel de la historia (1996), John Akomfrah

Como broche os dejamos con la certeza de una obra para la reflexión. Y que además se encuentra íntegra. Se trata de Les Saignantes, del camerunés Jean-Pierre Bekolo, enmarcada en un cine vanguardista y cuasi experimental abrazando el terror y la ciencia ficción. La película, premio FESPACO 2007, expone las profundas crisis sufridas por Camerún y África en general y marca territorio en los títulos del comienzo: “¿Cómo puede anticiparse una película al futuro de un país que no tiene futuro?”

Es interesante como Bekolo utiliza el sexo para empoderar a las mujeres en esta ciencia ficción de bajo presupuesto donde la cultura trance da un vistazo a la historia sociopolítica moderna de Camerún. La dinámica del grupo como pasado y presente, hombres contra mujeres, la cultura occidental frente a la cultura autóctona, política tradicional contra la política colonial… El camerunés, de esta manera, insinúa, informa, despierta y cuestiona a la sociedad de su país y a la de otros lugares. Les Saignantes es una pieza llena de ideas y de contradicciones que incorpora un modernismo urbano y se pliega como un diamante futurista… Que la disfrutéis…

Les Saignantes (2005), Jean-Pierre Bekolo.

 

Publicado en Wiriko

Arañas y dioses en la mitología de Ghana

Fotograma de la película Ghanesa Kwaku Ananse, de la directora Akosua Adoma Owusu.

Fotograma de la película Ghanesa Kwaku Ananse, de la directora Akosua Adoma Owusu.

 

Resulta irónico o incluso sangrante, dependiendo de la visceralidad del lector, que hasta el propio Hegel subrayara que los africanos formaban parte de sociedades dormidas. Un discurso filosófico que hundía sus raíces en la misión civilizadora que tendría su máxima expresión durante finales del s.XIX y comienzos del s.XX. De esta forma, la razón quedaba absolutizada por la hegemonía de la Ilustración y se reafirmaba imponiéndose en África. Estas narrativas eurocéntricas que negaron una historia africana sostenían categóricamente que la tradición oral como expresión de comunicación entre los pueblos no era historia. Pero se equivocaban…

En este reverso de la encrucijada, empoderando a la vía oral como medio de comunicación que convive con los cuatro pilares de la prensa (periódicos, radio, televisión e internet), ya fue llevado a la gran pantalla por Souleymane Cissé con su obra Yeelen (La luz) de la que ya hablamos en Wiriko, y que fue la primera película de África subsahariana en ganar la Palma de Oro en el Festival de Cannes, en 1987. Al igual que Yeelen se orientaba hacia una práctica cinematográfica en la que la narración oral y la espiritualidad simbólica eran los hilos conductores de la sociedad bambara de Malí, hoy os acercamos a una de las fábulas más conocidas de la sociedad Ashanti, enmarcada en la actual Ghana y a todo color.

«Hay tres tipos de personas cada una con su propio tabú: el soberano, el noble y el esclavo. El tabú del soberano es el desacuerdo; el del noble es la falta de respeto y, el del esclavo, la revelación de sus orígenes». Proverbio Ashanti.

El tercero de los trabajos de la directora Akosua Adoma Owusu, de ascendencia ghanesa aunque nacida en Virginia (EEUU), acaba de ser nominado para los premios de la Academia de Películas de África, ceremonia que tendrá lugar el próximo 20 de abril en Nigeria. El cortometraje Kwaku Ananse es una interpretación de una de las narraciones clásicas del África occidental con un toque semi-autobiográfico, e interpretado por el legendario músico ghanés del «vino de palma», Koo Nimo, en el papel de Kwaku Ananse.  Alabado por la crítica en la última Berlinale, el cortometraje Kwaku Ananse es el resultado de una coproducción entre el aclamado productor mexicano, Julio Chavezmontes (Halley) y Lisa Cortes (productor ejecutivo de la ganadora de un Oscar Precious).

Kwaku Ananse es un dios charlatán capaz de aparecerse como araña y hombre y cuyas enseñanzas apuntan a la dualidad universal. Esta fábula se combina con la historia de un joven llamado Nyan Koronhwea que asiste al funeral de su padre que llevaba una doble vida con dos familias a miles de kilómetros: una en EEUU y otra en Ghana. Esta ambivalencia será el reflejo de la dualidad enseñada por Ananse y que nos acerca a un conocimiento más profundo de la naturaleza verdadera en nuestras relaciones con los demás.

Tras la pista de la directora Akosua Owusu
Negro Sunshine (Desarrollo, 2014)

Ambientada en un pueblo de Ghana, Negro Sunshine es una película sobre el triángulo amoroso de una peluquería donde la promiscuidad reluce por sí misma. La película examina por un lado a los africanos albinos como «objetos de trapo» en una identidad transcultural mientras que, al mismo tiempo, explora la belleza convencional, la violencia emocional, el estigma social del albinismo en África y su impacto en la dinámica familiar.

Drexicya (2011)

Elogiado en 2011 en el Festival de Cine Africano de Tarifa, (ahora Córdoba), por su «radicalidad» y «visión poética», este cortometraje es un retrato inquietante de una piscina olímpica pública abandonada en la capital de Accra, Ghana.

Me Broni Ba (Mi bebé blanco) (2009)

Un retrato lírico de salones de belleza en Kumasi, Ghana. El legado del colonialismo europeo enredado en África se evoca a través de imágenes de mujeres que se arreglan el cabello trenzado. La película descubre el significado de la palabra Akan, me broni ba, que significa «mi bebé blanco».

Publicado en Wiriko

Un análisis de cine para el conflicto en Malí

Presentamos algunas pistas para una aproximación al conflicto de Malí a través de la película Yeelen (La luz) estrenada en 1987, y dirigida por el maliense Souleymane Cissé. Yeelen se sitúa en el siglo XIII en un ambiente rural para contar la rebelión de un hijo contra su tiránico padre. El director explicaba de esta forma que: “la aceptación de los valores más arcaicos de la cultura africana es la manera en que las sociedades pueden mantenerse alejadas de la alienación”.

Souleymane Cisse, director maliense de la película Yeelen.

El pasado 21 de octubre se cumplían siete meses del golpe de Estado en Malí auspiciado por la junta militar encabezada por el capitán Amadou Haya Sanogo, a pesar de que existe un gobierno de transición liderado por el presidente interino Dioncounda Traoré. Tres grupos armados, la rama de Al Qaeda en el Magreb (AQMI); su filial, el Movimiento para la Unicidad del Yihad en África Occidental (MUYAO); y los tuaregs radicales de Ansar Dine, continúan con el dominio desde finales de marzo de la franja septentrional de Malí, unos 830.000 kilómetros cuadrados. En este marco de incertidumbre donde el paso en firme del Consejo de Seguridad de la ONU para aprobar la intervención militar está previsto que se resuelva durante esta semana, queremos aportar un estudio tangencial, quizás poco usual, al conflicto que tiene lugar en el que otrora fuera el gran Imperio de Malí: un análisis de la película Yeelen (1987), dirigida por el maliense Souleymane Cissé.

Yeelen puede aportar algunas pistas para comprender el componente tradicional de esta región de la mano de la etnia bambara. De hecho, Cissé se enmarcaría en la que se ha convenido en denominar la primera generación de directores africanos que durante los años de las independencias estaba convencido del rol didáctico que la imagen podía ejercer sobre las poblaciones analfabetas y del grado profundo de concienciación política al que podía llegar el cine. Nacido en Bamako, el 24 de abril de 1940, Cissé considera que la aceptación de los valores más arcaicos de la cultura africana es la manera en que las sociedades puedan mantenerse alejadas de la alienación.

A partir de Yeelen, Cissé orienta su mirada hacia los valores singulares de su sociedad, hacia el universo simbólico de los ancestros y el poder divino de los elementos. Profundamente enraizado en la realidad africana, en los problemas y aspiraciones de sus pueblos, esta película fue la primera de África subsahariana en ganar la Palma de Oro en el Festival de Cannes de 1987. Así, Yeelen supone una ruptura con el estilo naturalista y de corte social de las anteriores películas de Cissé, y del cine africano en general, orientándose hacia una práctica cinematográfica en la que la narración oral y la espiritualidad simbólica van a conformar el esqueleto de su obra posterior. Como subraya Gudalupe Arensburg “el simbolismo y el misticismo son los elementos sobre los que se apoya la narración de esta película-alegoría, situada en el siglo XIII en un ambiente rural en Malí, para contar la rebelión de un hijo contra su tiránico padre”.

Fotograma de la película Yeelen.

Sin lugar a dudas, este trabajo está repleto de simbolismos, algunos imperceptibles para los no iniciados en la cultura bambara, como es el caso de los caminos del aprendizaje tradicional que se describen en la película. En la sociedad bambara se pueden identificar seis agrupaciones, clanes o sociedades llamadas dyo que son las encargadas de instruir a los jóvenes. Finalmente, el iniciado que ha alcanzado el nivel más alto de enseñanza, se convierte en instructor y fuente de conocimientos tradicionales. En la película se subraya especialmente la segunda etapa de aprendizaje que es el Komo (saber destinado a asegurar, a través de la relación con los ancestros, el dominio de las fuerzas telúricas), relacionado con el uso y la transmisión del conocimiento a lo largo de las generaciones africanas. Este Komo se articula en Yeelen para condenar la apropiación del poder y el conocimiento por parte de los mayores y la dificultad que la tradición otorga a dejar libre el camino a las nuevas generaciones.

Pero volviendo al argumento, al inicio de la película se nos muestra una serie de créditos. El primer bloque muestra cuatro ideogramas bambara cuya traducción dice: El calor / da el fuego / y los dos mundos, la tierra y el cielo, / existen a través de la luz. El segundo bloque presenta tres textos que sintetizan los pilares del Komo: el Kore (séptima y última sociedad de iniciación), el ala del Kore (emblema del poder del conocimiento) y el kolonkalanni (bastón mágico utilizado para señalar y castigar a los que violan la ley). Estos intertítulos invitan a una primera lectura de interpretación de la película a la luz de un antiguo sistema de saberes (el Komo). Igualmente omite cualquier referencia al Mali contemporáneo, ni a ningún periodo histórico concreto.

Si el corpus de conocimiento al que hace referencia el prólogo remite al grupo dominante de los bambara, la trama que despliega la película se refiere a la historia de una familia, los Diarra, de la que conocemos a un padre (Soma), una madre (Banièba), un hijo (Nianankoro) y dos hermanos del padre (Bafing y Djigui, hermano gemelo de Soma). Lo primero para poder interpretar Yeelen es preguntarse sobre las razones que empujan al padre a perseguir al hijo, y si estas razones están inscritas en un marco exclusivamente mítico, o si dejan abiertos márgenes para juzgar los actos de Soma. Así, el relato de Yeelen queda inscrito entre el mito y la historia. Encontramos en el relato dos versiones de la fuga de Nianankoro: según Banièba, ella se lleva a Nianankoro con el collar mágico y el ojo del Kore para salvarlo de la voluntad homicida del padre; según Soma, esta voluntad de castigar al hijo está justificada por el intento de traicionar el Komo adueñándose de los fetiches sagrados.

Fotograma de la película Yeelen.

Por lo tanto, Yeelen adquiere una doble dimensión: por una lado, la vertiente artística y técnica que nos conduce a la historia tradicional de los bambara, a  sus ancestros y a los signos mágicos de su poder; por otro lado, la vertiente de la leyenda capaz de ser reconstruida en otro tiempo puramente cinematográfico. Arensburg lo resume de la siguiente manera: «Técnica y mito encuentran en Yeelen un punto de combustión común: la luz. La técnica de la luz que es el cine se ha hecho cargo de gestionar todos los mitos, y el cine de Cissé llega a la cumbre de sus posibilidades cuando se muestra capaz, como en esta película de enorme éxito, de alcanzar la maestría técnica en la recuperación del mito fundador de un pueblo».

Buscar algunas pistas sobre la tradición en Mali que permitan comprender mejor el conflicto del país, se hace interesante por el encuadre metodológico o técnica cinematográfica aplicada por el director y que es conocida como retorno al origen. Es decir, Cissé adapta el guión hacia una forma de vida antigua y rural, hacia una energía que emana de sus valores culturales, con el objetivo de confrontar los problemas del presente y las incertidumbres del futuro. Tras la reunión de la Comunidad Económica de los Estados de África Occidental (CEDEAO) el pasado fin de semana en Abuja (Nigeria), parece que el contingente de al menos 3.300 hombres para liberar el norte de Malí del yugo islamista está muy próximo. Está por ver si los valores de la tradición de una sociedad como la bambara, mostrados en Yeelen se verán alterados en lo que se antoja como un nuevo Afganistán.

Para los que quieran profundizar en el análisis de Yeelen, aquí os dejamos la película.

Publicado en Wiriko

http://www.youtube.com/watch?v=5dcAzIvb9yg