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Milán, pantalla global del sur durante una semana

Cartel de la 24ª edición del festival italiano.

Cartel de la 24ª edición del festival italiano.

Cuando se celebran 24 años de un festival independiente en los tiempos que corren, deberíamos plantearnos el “sí se puede” en mayúsculas. Entre las razones fundamentales se encuentra el esfuerzo agotador de cuatro mujeres que han hecho de Milán una de las citas obligadas del mes de mayo en cuanto a cinematografías periféricas se refiere. Este año continúan en la dirección general del Festival de cine Africano, de Asia y de América Latina, Rosella Scandella y Gabriella Rigamonti guiadas por la sapientia de Annamaria Gallone y de la reconocida crítica e historiadora de las cinematografías africanas Alessandra Speciale. Hoy se inaugura hasta el 12 de mayo un ciclo de cine que recorre las últimas novedades de la gran pantalla en estos tres continentes, a menudo, películas que no tendrán la suerte de pasar a los circuitos convencionales de distribución.

El festival organizado y promovido por la ONG Centro Orientamento Educativo, con más de 50 años de historia, abre en Milán una nueva ventana a la cultura con películas, reuniones, eventos y oportunidades para profundizar en el arte y la cultura de los países de África, Asia y América Latina. Pasamos revista a los títulos del África al sur del Sahara que se podrán visionar.

En la categóría Windows on the World con un premio de 10.000€, se encuentra Des étoiles, la obra de la franco senegalesa Dyana Gaye. La película narra la historia de una separación familiar senegalesa entre las ciudades de Turín, Nueva York y Dakar. El destino de Sophie, Abdoulaye y Thierno se entrecruzarán en el exilio mostrando, a través de las historias de estos personajes, la realidad y las esperanzas de los movimientos contemporáneos de la migración.

La otra película africana que compite en esta categoría es Una memoria Inconsolable (2014), un documental del sudafricano Aryan Kaganof. El guión retrata mediante un trabajo de hemeroteca intenso, a la primera compañía de ópera de Sudáfrica compuesta por artistas negros: EOAN. Kaganof cuenta una historia de resistencia mezclando entrevistas y el uso de forma experimental del material de archivo. ¿Qué significa ser un artista negro durante el apartheid? ¿Qué opciones tuvieron? Los recuerdos de los miembros de la compañía reconstruyen en este documental la verdad oculta detrás de la historia: la aceptación del «estigma» de tener otro color de piel y el perjuicio de la política de segregación del sistema racista con el fin de mantener la empresa viva.

Fotograma de la película an inconsolabe memory.

Fotograma de la película ‘An inconsolabe memory’ de Aryan Kaganof.

En la sección al Mejor cortometraje de ficción o documental africano diez piezas compitirán por un premio de 2.000€ patrocinado por la compañia Vodafone. Dos filmes de Egipto, uno de Túnez y otro de Marruecos abren el elenco en el norte de África. El resto os los presentamos aquí:

Afronauts (2014)

La película de la ghanesa Frances Bodomo tendrá todas las miradas del jurado después de los últimos reconocimientos de la crítica en Sundance o la Berlinale. Basada en una historia real aunque omitida por los libros de historia: el intento loco de la Academia Espacial de Zambia dirigida por el profesor Edward Makuka Nkoloso durante la década de los sesenta por adelantarse en la carrera espacial a EE.UU. y Rusia. Los tripulantes: una niña y dos gatos. El desenlace: de momento, os dejamos el trailer…

Homecoming (2013)

Realizador keniano Jim Chuchu.

Realizador keniano Jim Chuchu.

La obra de Jim Chuchu, keniano nacido en Nairobi donde vive y trabaja, presenta una «ventana trasera de África». Con su pequeña cámara, Max espía a su vecina Alina en situaciones extremas a caballo entre la imaginación y la realidad o la ficción y la ciencia ficción. Chuchu es un artista visual y es co-fundador y director creativo de NEST, una plataforma dedicada a las artes multidisciplinarias en la capital keniana. Además, es miembro del famoso grupo musical Just a Band y realizador de los recientes vídeos al escritor Binyavanga Wainaina en el que se confesaba públicamente homosexual. Homecoming marca su debut como director y forma equipo junto a otros realizadores del proyecto African Metropolis, en el que seis ciudades africanas quedan retratadas en seis cortometrajes.

Gangster Backstage (2013)

El director Teboho Edkins nació en Estados Unidos en 1980 y creció en Sudáfrica y en Alemania. Hizo su debut en 2004 con el cortometraje En buenas condiciones, y en 2005 comenzó a trabajar en el proyecto Gangster Backstage en el narra las diferentes historias de jóvenes delicuentes en las calles de Ciudad del Cabo. Los diálogos personales tienen un grado altísimo de intensidad y sinceridad acerca de un mundo que deja al público sin habla.

 

Twaaga (2013)

Cédric Ido se puede decir que es parisino de nacimiento aunque hasta su adolescencia estuvo con su familia en Burkina Faso. Su primer cortometraje Hasaki Ya Suda fue seleccionado por diferentes festivales internacionales y ganó el premio al mejor cortometraje en el FESPACO de 2011, el Festival Panafricano de Ouagadougou. En esta casión presenta Twaaga, un cortometraje ambientado en la capital de Burkina, Ouagadougou en 1987. Manu, de ocho años, es un fanático de los cómics, en especial de Ruckus, su héroe favorito. Esos fueron los años en que el joven presidente de Burkina Faso, Thomas Sankara, presentaba credenciales revolucionarias contra la política y la economía del imperialismo occidental. Cuando su hermano mayor, Albert, va a un médico tradicional para convertirse en invencible, Manu comienza a preguntarse si realmente existen superpotencias en la vida real…

Una hoja en el viento (2013)

El último trabajo de Jean-Marie Teno se vuelve a centrar en el documental. Este camerunés y figura imprescindible de los cines africanos por derecho propio, encuentra el hilo conductor con la hija de Ernest Ouandie, un activista político de Camerún que luchó durante la década de 1950 y 60 por la independencia de su país y que fue asesinado en 1971 por las autoridades camerunesas. Este es el comienzo de un viaje al pasado donde el drama político se entrelaza con lo personal en la reconstrucción de la historia dolorosa de Ernestine que nunca conoció a su padre. Las consecuencias psicológicas de colonialismo puede ser mucho más peligroso que los económicos.

Dos películas más serán presentadas en esta 24ª edición del Festival de cine Africano, de Asia y de América Latina. En la sección Eventos Especiales «FLASH», dedicada a películas recientes de directores que han recibido premios en los festivales internacionales más importantes se proyectará Nelson Mandela: the Myth and Me (2014) del sudafricano Khalo Matabane. Y en la sección Todo el mundo ríe, la película africana elegida ha sido Aya de Yopougon de la marfileña Marguerite Abouet, una película de animación derivada de la famosa tira cómica escrita por Abouet y dibujada por su marido francés, Clemente Oubrerie. Ambientada en la Costa de Marfil de finales de la década de 1970.

El latido somalí de Nairobi: una metáfora del cuerno de África

La Pequeña Mogadiscio, situada en Eastleigh, a 10 minutos de los rascacielos del corazón de Nairobi (Kenia), es una metáfora de la costa Este africana. Una constelación de contrastes en cada esquina, con una nacionalidad, un aroma, un acento diferente que desde hace meses se ha convertido en áspero. El ataque terrorista al centro comercial Westgate del pasado otoño donde murieron al menos 72 personas, y la amenaza creciente del movimiento de resistencia islámica Al-Shabaab en el territorio, han determinado que los medios locales y el Gobierno pongan el foco de atención sobre la población somalí de este barrio. Un estigma que se alimenta de leyendas trasnochadas, rumores y de un boca a boca influenciado por el miedo crónico a los piratas del Índico y a los laboratorios urbanos de terroristas.

Pero el Gobierno sufre amnesia. Lo que antes era un barrio cuidadosamente planificado para una clase media, en gran medida se abandonó a su suerte para que se rehiciera. Así lo hizo contra todos los pronósticos e independientemente de los ciclos económicos y los cambios políticos del país. Y el impulso fue gracias a los somalíes. En medio de las limitaciones de infraestructura y los múltiples conflictos con las autoridades locales, este paréntesis de vida ha crecido hasta convertirse en una urbe autónoma basada en el ensayo y el error, con una gran flexibilidad.

Foto: Sebastián Ruiz

Ahora, con la amenaza dialéctica hacia los turistas y residentes en Nairobi de no pisar este territorio por peligrosidad extrema, es una ciudad de 24 horas, los siete días de la semana: tanto si quieres café o miraa somalí también llamado khat, usado durante siglos en el Cuerno de África y con efectos similares a las anfetaminas; alcohol de fabricación local o sexo barato; ropa de importación o productos electrónicos de origen asiático. En el par de carreteras asfaltadas, en el barro dominante tras la época de lluvias, entre casas de chapa, callejones de tierra o centros comerciales y hoteles, Eastleigh siempre vibra y se mueve en multitud de direcciones.

Existe la amenaza a turistas y lugareños de no pisar la zona por su «peligrosidad extrema»

A lo largo de los años, esta Pequeña Mogadiscio se ha convertido en un lugar donde cada somalí tiene un familiar en su país de origen, en otra coordenada del continente africano o en alguna parte de la diáspora estadounidense o europea. Se ha convertido en el punto de partida de una nueva vida para muchos refugiados somalíes. Y para muchos kenianos que tratan de sintonizar con el éxito de la vecindad. Se ha convertido en uno de los lugares con la mayor proyección internacional de la ciudad. Una zona de entrada ilegal, ideal para moverse por debajo de los radares y pasar inadvertido. Un centro de distribución. Un punto focal para el contrabando, la migración hacia una nueva vida y las redes nacionales y mundiales de comercio que se extienden hasta China.

Huellas somalíes en China

Los somalíes ocupan un lugar ambiguo en el imaginario político de Kenia. Ellos eran los forasteros del norte, que en la independencia de 1963 fueron obligados a una unión forzada. Durante un referéndum constitucional en la víspera del Uhuru (libertad o independencia en swahili), los somalíes que vivian en el Distrito de la Frontera Septentrional de Kenia (NFD) votaron abrumadoramente en contra de ser gobernados por un estado keniano independiente optando, en su lugar, por reunirse con sus parientes de Yibuti (Somalilandia francesa), de la Somalilandia Británica (parte norte del Cuerno de Africa), de lo que fue la Somalilandia Italiana y del Ogadén (Etiopía). Esta reivindicación nacionalista de los cinco territorios queda reflejada en la estrella de cinco puntas de la bandera somalí.

Hammed, professor de una escuela publica y que cursó parte de sus estudios en Estados Unidos, puntualiza, sin embargo, que su bisabuelo ya se podía considerar parte de la primera generación de somalíes en Kenia. “Mi gente abandonó el Cuerno en la década del 1900. Eran pastores del norte de Somalia que siguieron a los aventureros de clase alta británica que volvían a Kenia después de realizar safaris en busca de leones. Ellos actuaron como guías y porteadores”. Estos somalíes abrieron las rutas del heroísmo colonial británico para posteriormente dispersarse por todo el país. Por lo que la cuestión somalí viene de largo en Kenia. Para los somalíes, sin embargo, encerrados en las contradicciones de los nuevos estados descolonizados en la década de los sesenta, se trataba de una situación parcheada que se repitió en otros lugares del continente como Casamance (Senegal) o Biafra (Nigeria). Los reclamos a la libre determinación se resistieron, pero seguirían siendo no deseados, abandonados y perseguidos por los nacionalistas en las nuevas capitales de África que los consideraban como extranjeros.

Foto: Sebastián Ruiz

Mientras, Eastleigh siempre había sido el hogar de una comunidad comercial inmigrante. A principios de la Nairobi colonial, era una ciudad cuyo apartheid racial se llevó a cabo con éxito principalmente a través de las ideas de la higiene y el miedo asociado a la contaminación física –tres episodios de peste bubónica habían convencido a las autoridades de la sabiduría y eficacia de tales medidas–. Una clase comercial emergente india se encontraba asentada al este de la ciudad, en el borde superior de las llanuras cerca del río Nairobi. Eastleigh era literalmente un asentamiento en el otro lado de las vías. A medida que se levantaban gradualmente las restricciones raciales hacia el fin del régimen colonial, a los comerciantes indios se les permitió moverse hacia el oeste –en Parklands–, al otro lado del río, un barrio predominantemente compuesto por asiáticos del Sur.

Es un foco de contrabando, migración y redes de comercio internacional

El enclave, con sus calles de tierra polvorientas bordeadas por hileras de casas de madera con techo de zinc, se convirtió así en el hogar de la clase emergente de los países africanos. Entre ellos, había una pequeña comunidad de comerciantes somalíes predominantemente del antiguo NFD, que en su mayoría eran camioneros. Ellos funcionaron como eslabón en el transporte para la comunidad de comerciantes indios, ahora dispersos por todo el interior de África del Este, y proporcionaron una base social para la avalancha de comerciantes de Mogadiscio y sus familias que llegaron a principios de 1990, cuando Somalia implosionó. En unos pocos años, la población de Eastleigh que albergaba a unas pocas miles de familias principalmente kikuyus (etnia mayoritaria en Kenia), ha pasado a dar cabida a más de 100.000 somalíes.

Comercientes con solera, éxito garantizado

Incapaz de explicar el origen del dinero de este barrio, Nairobi, perpleja, continua en la búsqueda de respuestas. Los medios de comunicación en parte se han unido a esta especulación, y sugieren que el nuevo dinero y expansión de la Pequeña Mogadiscio es producto de la piratería, unido a la amenaza del Islam militante y Al-Shabaab. No obstante, la comunidad somalí vehementemente lo niega. “Somos hombres de negocios legítimos que aborrecemos la piratería”, puntualiza Alfatuh, propietario de una tienda de bisutería. “El Islam militante es malo para el comercio”, subraya Mohamed, de 42 años, en la cafeteria Mashaallah. Pero, ¿cómo se puede explicar si no el aumento repentino de capital?

En primer lugar, Eastleigh no es solo una historia de Somalia. Significa reconocer una diversidad e interconexión con otros países, principalmente Yibuti, Eritrea y Etiopía. Estos dos últimos han tenido una participación importante en el desarrollo de los matatus (transporte púbico) que circulan en la ruta desde el centro de Nairobi hasta Eastleigh. Además, los restaurantes y empresas etíopes son fáciles de encontrar, especialmente alrededor de la décima calle, una zona que podría denominarse como la Pequeña Adis.

El dinero entra a raudales al barrio. La sospecha sobre la piratería en el Índico es una constante

Foto: Sebastián Ruiz

En segundo lugar, la clave para el éxito de Eastleigh son sus conexiones con el norte de Kenia, es decir, la vieja capital del norte del país situada en el centro de Nairobi. En particular, las actividades comerciales de los somalíes kenianos han sido muy importantes en los pasos iniciales que establecieron Eastleigh como el barrio por excelencia de los centros comerciales en Nairobi.

Por último, la idea de una Pequeña Mogadiscio descuida flujos importantes detrás del colapso del Estado en Somalia. El Mogadiscio que existía bajo el regimen de Siad Barre (1969-1991) refleja la dinámica de un Estado centralizado que trabajaba para reforzar su control de las redes de patronazgo. En particular, Barre trabajó para concentrar la actividad empresarial en Mogadiscio.

De hecho, en el ensayo Of Tamarind & Cosmopolitanism, del novelista somalí Nuruddin Farah, queda reflejado cómo uno de los secretos mejor guardados de Mogadiscio fue el complejo comercial conocido localmente como Tamarind Market; un hervidero de estrechas callejuelas llenas de compradores en busca de ropa y bisutería para todo el Cuerno de África y parte de Oriente Medio. Un modelo de éxito. Sin embargo, la destrucción de este mercado en el colapso somalí de 1991 hizo que este modelo se encarnara en Nairobi bajo el nombre de Garissa Hotel, el primer centro comercial de Eastleigh regentado por somalíes. Aunque se quemó con polémica y leyenda incluída, hoy se pueden contar alrededor de 40 centros y una aglomeración de apartamentos residenciales producto de la burbuja inmobiliaria que sufre el país.

Kammel, un hombre alto, flaco, un poco distraído, con voz ronca de un comerciante del mercado que parecía que se había recuperado recientemente de una larga enfermedad, señala a su alrededor. Fue uno de los dueños de los puestos en el original Garissa Hotel. Ahora es un agente inmobiliario en busca de nuevos clientes. “Estábamos haciendo un montón de dinero por aquellos días”, afirma Kammel que estaba especializado en telas. “Yo solía tener una cola en frente de mi tienda, incluso antes de que yo llegara. Queríamos vender y vender. Sin levantar la vista. Mis clientes venían de Ruanda, Uganda, Congo, Tanzania, Mombasa… De todas partes”. Kammel confirma que conseguía unos 2.000 dólares al día.

Foto: Sebastián Ruiz

Los márgenes se han recortado considerablemente desde entonces. Uno de los problemas con el modelo Eastleigh es que todo el mundo está haciendo lo mismo. “No hay diversidad. Además la desregulación y la liberalización del mercado han dado la voz de alarma para que se instalen más comerciantes. Ahora, otras diásporas que operan en una sensibilidad completamente diferente, se están apoderando”, explica preocupada Halima, una gerente de uno de los centros comerciales.

Esta Pequeña Mogadiscio continúa gracias a sistemas como el hawala (transferencia o cable en la jerga bancaria árabe), un canal informal de transferencia de fondos de un lugar a otro a través de proveedores conocidos como hawaladars. Del mismo modo, como puntualiza el antropólogo Paul Goldsmith, que ha seguido de cerca el aumento de capital de la diáspora somalí, la expansión del mercantilismo somalí tiene mucho que ver con el linaje segmentario. Una vez establecidos esos vínculos, los individuos están limitados en un sistema obligatorio de dependencia y responsabilidad. Este sistema de honor, es lo que explica, por ejemplo, cómo el pago de una vieja deuda contraída con un somalí en Brixton (Inglaterra) se convierte en la responsabilidad de un clan entero. El dinero fluye y los víncluos familiares se hacen cada vez mayores.

No cabe duda de que una cierta cantidad de beneficios de la piratería también se han invertido en Kenia y en otros lugares en el este de África. Cualquier auditoría, sin embargo, tendría complicado explicar la expansión de la capital de Somalia en Nairobi antes del auge de los rescates a partir de 2008.

El éxito de lugares como Eastleigh es un testimonio de la capacidad de personas para movilizar conexiones alternativas, trasladarse a diferentes localidades y jugar a desempeñar diferentes roles. Eastleigh no es solo una Somalia de desplazados. Significa un capital de gente con don para los negocios aumentado por los fondos de una diáspora muy dispersa (y sus remesas de dinero). Un capital invertido a lo largo de varias rutas unidas finalmente por el parentesco, la amistad y la solidaridad religiosa. Una red de nodos conectados que sustenta una de las arterias comerciales de África del Este.

La esclavitud de San Valentín

Foto: Sebastián Ruiz

Detrás de las bambalinas de las multinacionales de venta de flores, nada es lo que parece. La región de Naivasha (en Kenia, a 1.890 metros de altitud), en el valle del Rift, es la savia que da vida a casi el 70% de las fincas que se dedican al cultivo de las flores en el país, el primer exportador a Europa.

Un producto estético, de lujo y con una cargada simbología romántica de la que se hicieron eco los productores ingleses y holandeses durante la década de los ochenta cuando se pusieron manos a la obra: el día de San Valentín, el día de la Madre y Navidad son los picos de ventas. “¿Por qué gastarme 300 chelines –unos 3 euros– en una rosa para mi mujer si con ese dinero puedo comer durante dos días? Esta es la razón por la que los kenianos nunca antes habíamos prestado atención a este negocio”, comenta uno de los jefes de producción de Karuturi en un despacho modesto pero con aire acondicionado. Fuera, la temperatura es de 27 grados; bajo el mar de plásticos de los invernaderos, caen a 51.

Así es Naivasha. Un zona rota del mapa con precipicios constantes. Puedes hospedarte en uno de los hoteles de lujo que rodean el lago homónimo por 250 euros por noche, pasear en barco para ver a la colonia de hipopótamos, o hacer una excursión en bicicleta al Parque Nacional Hell’s Gate, donde puedes encontrar un guía por un modélico precio.

Foto: Sebastián Ruiz

En el extremo opuesto, a escasos metros, la imagen daliniana de las casas de los trabajadores de Karuturi, donde unas 2.300 familias conviven en un laberinto de incertidumbre y pobreza al costado de la carretera. Una única habitación, con baños compartidos para toda la comunidad y unos salarios que oscilan entre los 30 y los 85 euros según la antigüedad. A ellos no le salen las cuentas para vivir.  En Naivasha todo el mundo tiene algún familiar o conocido que trabaja en los invernaderos de flores de Karuturi. Nadie bromea con esto. El gesto de Beth (nombre ficticio para no comprometerla, como otros en este reportaje) se tuerce acompañado de una plegaria cuando le preguntas. “Yo misma estuve trabajando en Karuturi durante dos años pero envejecí demasiado rápido… Tuve la suerte de que uno de los hoteles de la zona buscaba personal de seguridad y me seleccionaron a mí. El problema es que si no tienes alternativas no puedes escapar”.

El salario es tan bajo (aproximadamente 1,25 euros al día) que un simple viaje al pueblo vecino se vuelve insostenible para la familia. Jornadas laborales de siete de la mañana a cuatro de la tarde se ven obligatoriamente compaginadas con otros trabajos, como la venta ambulante de productos de primera necesidad, las bicicletas-taxis o la prostitución a cambio de unos chelines extras que permitan comer caliente.

En septiembre de 2007, los horticultores holandeses Gerrit & Peter Barnhoorn, propietarios de la empresa Sher, vendieron sus terrenos a Sai Ramakrishna Karuturi, un empresario de origen indio y dedicado también al negocio de las flores “y desde entonces, todo ha ido a peor. No es que las condiciones con los holandeses fueran mejores, pero ahora prácticamente nos estamos muriendo”, sentencia Robert, un empleado que lleva en la empresa 14 años. Esta multinacional tiene sus campos de producción de rosas en Kenia, India y, desde hace unos años, también en Etiopía, el segundo exportador más grande de flores en África después de Kenia.

Foto: Sebastián Ruiz

En concreto en el lago Naivasha, las extensiones de Karuturi alcanzan las 188 hectáreas, de las cuales alrededor de 135 se encuentran en invernaderos y 42 en cultivo abierto. Pero los cerca de 5.000 trabajadores (mayoritariamente mujeres) no parecen sentir como algo propio este logro. Bajo los plásticos se respira calma tensa. Te observan con una mirada perdida, que intranquiliza aunque nada digan. Aquí dentro, opinar es un acto de rebeldía. Basta observar: manos que podan rosales sin guantes, piel atrincherada de tanto trabajar en cámaras frigoríficas sin abrigos térmicos a cuatro grados bajo cero, o la alta exposición a los productos químicos.

Un responsable de recursos humanos de la empresa se excusa: «Hay muchas renovaciones de contratos nuevos y los trabajadores no se acostumbran a utilizar la ropa de trabajo». Con respecto al resto de condiciones laborales, asegura que son «normales» y que «cumplen con todas las normativas».

Venta ambulante, bicis-taxi o prostitución son empleos que suelen complementar un salario exiguo

Nuestro guía explica algunos pormenores de camino a su casa mientras se quita la bata azul descolorida: “Sinceramente, creo que la situación de las mujeres es lo peor de todo. Es muy deprimente. Muchas tienen contratos temporales… ¡A veces durante años! Cuentan con menos derechos a la hora de las vacaciones, enfermedad o maternidad. ¿Sabes? Es muy corriente que sufran acoso sexual de sus superiores”, expresa indignado este keniano nacido en un pequeño pueblo frontera con Uganda.

Foto: Sebastián Ruiz

La información de la ONG británica War on Want confirma que aproximadamente un 75% de los empleados son mujeres, además de que una gran proporción de ellas son solteras con hijos. “¿Te puedes imaginar lo difícil que es combinar el trabajo con la maternidad? La situación que padecemos es angustiante y afecta tanto a los niños como a los bebés que se quedan solos en las casas que están delante de los invernaderos”, puntualiza Alice, una de las trabajadoras. Ella, por la tarde, vende huevos delante de la salida principal de la empresa.

Con el tic-tac consumiéndose antes de la festividad de San Valentín, la multinacional controla al detalle todos los procesos de la producción: el corte de la rosa; su clasificación por variedad y tamaño; su conservación durante algunas horas en cámaras frigoríficas; el transporte en camiones acondicionados desde la plantación hasta el aeropuerto; y el envío aéreo mediante la compañía Flowerwings hasta Ámsterdam. Owarendo, uno de los jefes de ventas de la empresa en Naivasha, se enorgullece mientras paseamos por el sector 2 de la plantación: “Una de cada nueve rosas que se consumirán en Europa el 14 de febrero tendrán como origen Kenia”, sonríe. Según el consejo de flores de Kenia, alrededor del 97% de las exportaciones van a la UE. Oportunidades de trabajo, sí, pero sin reglamentación laboral debida.

Foto: Sebastián Ruiz

“¿Las condiciones de los trabajadores? La verdad es que estamos teniendo algunos problemillas pero no se pueden quejar en comparación con otros sectores. Les ofrecemos alojamiento, educación y sanidad gratuitamente”, asegura. E insiste en mostrar los últimos adelantos en el sistema de riego automatizado. “Una gran inversión”, explica. Pero este keniano de casi un metro noventa no queda satisfecho con su argumentación: “Mira, yo si me pongo enfermo no me lo pienso dos veces: voy a un hospital privado. El que tenemos aquí no es muy de fiar”.

Si eres trabajador de base en el imperio de la rosa tienes derecho a una vivienda y unos servicios sociales gratuitos. Pero hay letra pequeña: en las habitaciones a veces conviven hasta ocho personas; no tienen electricidad aunque sí agua potable; los familiares que deciden enviar a sus hijos a la escuela secundaria tienen que pagar unas tasas elevadas; el hospital de la empresa actualmente se encuentra cerrado y sin medicinas, por lo que los pacientes deben desplazarse hasta el pueblo vecino con una cuota mínima de 10 euros por la consulta; y por último, todos los trabajadores tanto en el interior de los invernaderos, seguridad, servicio de limpieza, hasta profesores y médicos llevan, según ellos, sin cobrar cuatro meses. La empresa alega que está en un periodo de crisis y «reajuste económico».

El 75%  de los empleados son mujeres, muchas solteras y con hijos

No hay que alarmarse. El te quiero globalizado y la rosa de San Valentín camuflarán esta suerte de explotación silenciosa. Ante tal panorama, el domingo se convierte en un día de esperanza para muchos de los aquí empleados. Cerca de los invernaderos, en una carretera de unos tres kilómetros de largo, al menos 10 iglesias con diferentes nombres abren sus puertas de par en par para recomponer almas y cuerpos de los empleados. Todos son bienvenidos bajo el mensaje: “Deja de sufrir. Dios murió por nosotros”. Philip, pastor de 37 años, acaba de cerrar su biblia subrayada y lanza un grito de alarma. “La solución pasa por nuestro gobierno y por los propios consumidores en Europa. No tienen que dejar de comprar rosas sino exigir a empresas como la nuestra que respeten la dignidad humana”.

Foto: Sebastián Ruiz

El sector en cifras

  • Kenia es uno de los exportadores de flores más importantes del mundo y el proveedor más grande de la Unión Europea, contribuyendo con más del 35% de todas las ventas. Los principales mercados de la Unión Europea son Holanda, Reino Unido, Alemania, Francia y Suiza.
  • Se estima que en Kenia unas 500.000 personas dependen de la industria de las flores, incluyendo los 90.000 trabajadores empleados en los invernaderos.
  • En los últimos cinco años, Etiopía se ha convertido en el segundo exportador más grande de flores en África después de Kenia.
  • Los principales mercados mundiales consumidores de flores son Alemania, Estados Unidos, Francia, Reino unido, Holanda, Japón y Suiza.

*Fuentes: Kenya Flower Council, KenInvest y Eurostat

Foto: Sebastián Ruiz

Tras la caja de los sueños keniana (I)

Una de las salas comerciales donde se pueden ver películas de estreno en la capital keniana.

Nada mejor que apearse en la estación central de Nairobi, comenzar el trabajo de campo, y hervir las sensaciones encontradas entre el kiswahili y el inglés para degollarse con los estereotipos de las carteleras en esta urbe que se imagina y edifica a un ritmo frenético. El paseo por los cines de la ciudad no sorprende en exceso y puede llegar a defraudar a los puritanos en busca de guiones que rompan el dorado hollywodiense de presentación, nudo y desenlace. El resumen podría ser una dosis de la mejor de las ficciones estaounidenses, aderazada con la comedia del mes o las rompe taquillas del cine indio más comercial (Bollywood). Una cuestión de tiempo (2013, EEUU), Jobs (2013, EEUU), Krrish 3 (2013, India), Satya 2 (2013, India), 2 Guns (2013, EEUU), After Earth (2013, EEUU), Baggage Claim (2013, EEUU), La batalla del año (2013, EEUU), Hermosas criaturas (2013, EEUU), Besharam (2013, India), Bhaag Milkha Bhaag (2013, India), Boss (2013, India) o Django desencadenado (2012, EEUU).

Sí, efectivamente, el cine que se realiza en Kenia, de momento, sigue concentrándose en los festivales internacionales y con escasa repercusión para los kenianos. Así, sin desfallecer, os traemos el primero de una serie de artículos que pretenden presentar de forma breve a algunos de los artífices encargados de producir y dirigir la caja de los sueños en Kenia. Para abrir boca y con la venia de las salas comerciales, claro.

David (Tosh) Gitonga > Director/Productor de cine.

Director y productor David 'Tosh' Gitonga.

“Uno de los ocho africanos más fascinantes del 2012”. Con pleno derecho entraba el keniano de 31 años en el ránking de la cabecera norteamericana The New Yorker después de ser nominado como mejor película extranjera a los premios Oscar por su película Nairobi half life (2012). Nacido en la pequeña ciudad de Nanyuki, Gitonga pertenece a una saga de jóvenes directores que están atrayendo a productores europeos y estadounidenses como el congolés Djo Tunda Wa Munga (¡Viva Riva!, 2010) o el ruandés Kivu Ruhorahoza, (Materia gris, 2011) y que parecen dar un nuevo impulso a las cinematografías del continente.

Tosh aprendió el oficio del cine mientras estudiaba marketing y, quizás, estos principios y prácticas para buscar el aumento del comercio, especialmente de la demanda, es lo que le ha llevado a subrayar en alguna ocasión que le gustaría ser lo más auténtico posible, y que sus películas no estén separadas de la realidad. También ha trabajado en otras películas de éxito como The First Grader (2010) de primer asistente de dirección, y en All That Way for Love (2011) también como asistente de dirección. Este joven cineasta ha ganado numerosos premios, entre ellos el de Mejor director africano por su ópera prima en el Festival Panafricano de Cine de Los Angeles (2012). Otra victoria notable fue en el Festival de Cine de Nashville en 2013. Sus proyectos actuales incluyen las secuelas de Nairobi Half Life y algunas películas para televisión que se encuentran en desarrollo.

 

Keith Oleng > Fotógrafo/Camara.

Keith Oleng, polifacético artista de la cámara.

Keith Oleng rara vez habla pero su silencio contrasta con una creatividad desbordada que grita. Sus cuadros en movimiento son una propuesta sin límites hacia lo nuevo, como hizo con su primer evento producido por AF PRESENTA, al vaciar toda el agua de una piscina y colmarla de poesía, moda, música y cine. Oleng afirma que está interesado en crear nuevas formas, nuevos trabajos que hablen de inteligencia, pero sin abandonar nunca el sentido de la compasión.

Tras estudiar en la Academia de Cine de Nueva York, regresó a Kenia hace unos años e inmediatamente se puso a trabajar. Ya ha lanzado varios cortometrajes, entre ellos SacrificeAMOR, llevado a un lugar misterioso, junto con documentales como Locolize, que pretende descubrir y dar soporte a diseñadores emegentes de toda África, y nkt_News, un noticiero satírico, con el reconocido poeta Abubakar Nuuman, que se centra en los medios de comunicación social porque “proporcionan una oportunidad fácil para el diálogo entre nosotros, los jóvenes, y nuestro gobierno y las instituciones corporativas que nos sirven”.

En 2007, Oleng estaba entre los diez cineastas de Kenia preseleccionados para asistir a un taller de cine organizado por MNET, en Lagos, Nigeria, y recientemente ha ganado el premio a la mejor película, director y director ejecutivo en el Festival de Teatro Nacional de Kenia 2013. Actualmente se encuentra realizando los últimos retoques de su último cortometraje titulado Little Girl, que explora los cambios vitales de un grupo de estudiantes universitarias que se estrenará pronto.

 

Jinna Mutune > Directora/Productora de cine.

Jinna Mutune, realizadora y productora de cine keniana.

Mutune, originaria de Kenia, es una cineasta multicultural que ha dirigido y producido cortometrajes, videos musicales y obras de teatro tanto en América como en África. Una joven estrella cuya formación académica incluye una licenciatura en la escuela South African School of Motion Picture Medium and Live Performance (AFDA, Ciudad del Cabo, Sudáfrica) y un curso en Estudios de Cine del Houston Community College en Texas, EEUU. Ella es la directora y guionista de Leo, una historia seductora grabada en Nairobi al estilo de los cuentos de hadas, que retrata la vida de un muchacho masai criado en un hogar de bajos ingresos que, a pesar de todo, logra su sueño.

Jinna ha dirigido recientemente un video promocional durante el periodo preelectoral en Kenia para invitar a la calma y evitar los altercados de 2007, en el que la protagonista es Graca Machel (esposa de Mandela). El trabajo de esta joven realizadora ha sido reconocido por el Festival de Cine de Clermont en Francia (2005), el Festival de Cine de Zanzíbar (2005) o El Festival de Cine de Melbourne (2006). Actualmente, continúa trabajando en el estreno de Leo, afirmando ser una apasionada de contar historias diferentes sobre África, más allá de los estereotipos de la guerra, la pobreza y el hambre.

Artículo publicado en Wiriko

Los cines de África reconquistan Granada

 Por séptimo año consecutivo, el Festival de Granada Cines del Sur convertirá por unos días a la ciudad andaluza en el epicentro geopolítico del séptimo arte en España. El festival, que tiene como objetivo la difusión y promoción de las cinematografías de los países habitualmente adscritos al hemisferio sur, propiciará hasta el próximo sábado 15, un vínculo de encuentro entre profesionales del sector y aficionados a un cine escaso en los circuitos convencionales de las salas de cine.

Es de rigor dedicar una especial atención desde Wiriko al festival granadino que junto al Festival de Cine Africano de Córdoba se han convertido en dos auténticos supervivientes en estos tiempos de recortes y zozobra. En España, son los únicos en su especie y, frente a todos los imprevistos, son capaces de aupar sus  proyectos fuera de las fronteras estatales con honores. Dos puntos de vista necesarios. Dos salvavidas que naufragan frente a una incertidumbre generalizada. Dos guías necesarias para la reflexión conjunta que subraya incansable la pregunta ¿a dónde vamos? Dos referencias que la Administración ha decidido convertir en una constelación de miradas, con precariedad de fondos, y que sugieren a prisa la unidad de la cultura por la diversidad. Dos festivales que en una nueva concepción del espacio, del tiempo y de la historia cinematográfica reflejan abiertamente el dogma de sus organizadores: mostrar otra forma de mirar hacia nuestros hermanos del sur.

Para esta ocasión, el Festival de Granada Cines del Sur ha seleccionado para la competición oficial a diez títulos de los que tres proceden del continente africano. El África subsahariana solo se presenta con una cinta que en cuestión de un año y medio se ha convertido en una clara candidata a optar por el máximo galardón en los festivales internacionales. Se trata de la impactante ópera prima del director keniata David ‘Tosh’ Git, Nairobi half life (2012). La película de Tosh, nacido en 1981 en una pequeña ciudad de Kenia llamada Nanyuki, fue seleccionada para representar a su país en la sección a la Mejor Película en Lengua Extranjera de los Premios Óscar del año pasado. Una coproducción entre Kenia y Alemania que mezcla, con suma habilidad, una mirada casi etnográfica sobre la condición de inmigrante interior dentro del país con los sueños de un espabilado aspirante a actor, que verá cómo la realidad se termina mezclando peligrosamente con sus deseos artísticos.

Los países del Magreb estarán representados con dos películas que se sitúan en un pasado tan urgente como recurrente por las convulsiones sociales y políticas provocadas por las llamadas “primaveras árabes” de los dos últimos años. Por un lado, el veterano cineasta egipcio Yousry Nasrallah, que explora en After the Battle (2012) las contradicciones personales de una ferviente opositora al dictador Hosni Mubarak, poderosamente atraída por un trabajador del sector turístico situado en el campo político opuesto. Por el otro, la tunecina Hinde Boujemaa aporta una sabia mirada documentalista con It Was Better Tomorrow (2012) a las vicisitudes de una mujer, madre de familia y abandonada por su esposo, que no encuentra fácil acomodo en la nueva realidad que se bosqueja ahora mismo en Túnez.

Otras secciones con sabor africano

Esta séptima edición del festival incluye una sección bajo el nombre de Milenio en la que se proyectan cinco películas marroquíes, reflejo de un legado cultural común y de los problemas sociales actuales en el país vecino. Destaca la proyección de Pegasus (2011), la película ganadora del premio Etalon de Oro en el FESPACO 2011, del director Mohamed Mouftakir. Los otros títulos que se proyectarán son Los caballos de Dios (2012), de Nabil Ayouch; The Mosque (2010), de Daoud Aoulad-Syad; Quand les hommes pleurent (1999), de Yasmine Kassari; y WWW What a Wonderful World (2006), de Faouzi Bensaïdi. En la sección Pantalla Abierta, la película argelina El gusto (2012), dirigida por Safinez Bousbia, presenta la historia de la música popular chaâbi, un estilo nacido en la calle y en los cafés, e impregnada de cantos bereberes, andaluces y religiosos. Aquí, un pequeño reportaje sobre El gusto.

En la sección Documental Al Jazeera destaca Black out (2012) que a pesar de ser una producción inglesa y dirigida por la alemana Eva Weber se ambienta en Conakry, Guinea, durante la época de exámenes. En cuanto se pone el sol sobre la capital cientos de escolares comienzan su peregrinación nocturna hacia el aeropuerto, las estaciones de servicio y las partes más ricas de la ciudad en busca de luz. Un viaje tanto literal como metafórico hacia la iluminación, a través del cual este evocador documental muestra cómo los jóvenes concilian lo que significa vivir en uno de los países más pobres del mundo con su deseo de aprender; todo ello en un contexto de lucha por el cambio en el país.

Por último, en la sección Perlas del Sur se proyectará la película documental Mama África (2011) del finlandés Mika Kaurismäki. Este documental se centra en la vida de Miriam Makeba, la primera cantante africana en alcanzar el estrellato mundial e impregnada tanto de raíces sudafricanas como de un incesante mensaje de lucha contra el racismo y la pobreza. La película estrenada en la inauguración del Festival de Cine Africano de Córdoba del año pasado, gana peso con un guión que narra su trayectoria a través de entrevistas con compañeros de profesión. Un documental sobre Miriam en el que ella misma no aparece… El trabajo de Kaurismäki, un apasionado de la música, se une a otros documentales que realizó en 2002, Moro no Brasil, y en 2005, Brasileirinho.

 

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Redefinir los suburbios de Kenia a través del cine digital

Grupo de estudiantes de la Escuela de Cine de Kibera

Grupo de estudiantes de Kibera Film School, la Escuela de Cine en el barrio marginal de Kibera en Nairobi, Kenia.

 

La reapropiación de un sustantivo es cargar de valentía la disciplina historiográfica, es quedarse huérfano de voz y aceptar una nueva concepción de uno mismo. La palabra slum (del inglés, barrio marginal o pobre) marca las lindes de un vocabulario tatuado a fuego que se instauró durante el periodo colonial en el África británica y que perdura todavía hoy. Sin embargo, la resistencia y perseverancia de distintas organizaciones en la capital de Kenia, como la Hot Sun Foundation, Slum-TV o The Invisible Cities, siguen formando a decenas de jóvenes en los slums de Kibera, Mathare y Korogocho proporcionándoles la oportunidad de desarrollar su potencial y, a través de sus imágenes, desafiar la mirada descafeinada y aceptada de cómo es la vida en estos barrios pobres; es decir, contar la historia a contrapelo, como inisistía Walter Benjamin.

A pesar del panorama gris que acostumbramos percibir de estos barrios, “el cine africano nunca morirá, eso es seguro”, como ha puntualizado en ocasiones el director de cine mauritano Abderrahmane Sissako. Prueba de ello es que en Nairobi, el crecimiento del cine digital, como en otros tantos países africanos, está originando una nueva ola de iniciativas culturales enfocadas a promover las creaciones artísticas en zonas marginadas -léase abandonadas-. El acontecimiento de colocar cámaras de vídeo al servicio de los vecinos de estos slums ayuda a construir un nuevo sentido de identidad y a desmitificar la imagen encorsetada por parte de los medios de comunicación y del propio Gobierno. En definitiva, reinventar. Reimaginar.

Clase de edición de cortometrajes.

Clase de edición de cortometrajes.

Uno de estos slums es Kibera, que alberga casi a un millón de personas que forman parte de uno de las mayores suburbios de África y uno de los más grandes del mundo. Allí se encuentra la Kibera Film School (Escuela de Cine de Kibera) fundada por el estadounidense Nathan Collett, un cineasta inquieto que llegó a Nairobi en el 2006 para investigar sobre la narración africana. De esta experiencia y en colaboración con la población local, hizo un cortometraje titulado Kid Kibera (Chico de Kibera) el cual fue reconocido por varios premios internacionales. Posteriormente Collett puso en marcha junto a su hermana Pamela una organización no lucrativa, la Hot Sun Foundation, que iniciaría este proyecto en el 2009. El objetivo era meridianamente claro: proporcionar a las personas locales la oportunidad de contar sus historias a través del cine y adquirir las habilidades necesarias para trabajar en las industrias locales de cine y televisión. Contra todo pronóstico, este sábado 2 de febrero, la cantera de cineastas de Kibera celebrará la fiesta de graduación de la que será su cuarta promoción de alumnos.

Como reflejo del auge de esta producción digital, surgió en 2011 un festival dedicado a las imágenes producidas en estas zonas marginadas de la capital, el Slum Film Festival (SFF), una idea original de Federico Olivieri [2], quien hasta hace poco ocupaba el cargo de agregado cultural en la Embajada de España en Kenia. El agosto pasado se cumplía la segunda edición de este festival en el que las plataformas Hot Sun Films y TV-Slum se unían para reforzar la iniciativa. Durante una semana, las áreas de Kibera y Mathare se convirtieron en grandes cines al aire libre en los que más de una treintena de cortometrajes, procedentes de los asentamientos de chabolas de Nairobi, así como de Uganda y Tanzania, fueron proyectados para el beneficio de estas comunidades. El cine digital se abre camino con fuerza y con nuevas narrativas adaptadas a los contextos sociales; en este caso a los slums.

Sesenta años después de la emancipación de Kenia de la metrópolis británica, queda lejos el impulso tímido, pero confiado, que el Estado brindó a la industria cinematográfica organizando, en el seno del Ministerio de Información, la Film Production Unit y, al mismo tiempo, creando la Voice of Kenia que dependía de la radio televisión pública. Estos dos organismos trataron de fortalecer las estructuras heredadas de la colonización pero la falta de interés político y la escasez de financiación acabaron por reducir prácticamente al mínimo el cine keniata hasta la década de los 2000. Directoras como Hawa Essuman [1], que alcanzó el reconocimiento por su película Soul Boy en el Festival Internacional de Cine de Róterdam (2009), o el joven ex asistente de dirección David Tosh Gitonga, con su Nairobi Half Lifeson un claro exponente de la nueva corriente de cineastas jóvenes en Kenia.

Publicado en Wiriko

 

[youtube http://www.youtube.com/watch?v=460jlomT_Zw]


[1] Esta cineasta keniana, nacida en Ghana, recibía, el octubre pasado, en el marco del Festival de Cine Africano de Córdoba un fondo de 25.000 euros por su proyecto Djin (El viento del destino). Hawa fue premiada también en el 2012, en el Festival Internacional de Cine de Durban, por su guión Logs of War (Bosques de Guerra), trabajo que fue también seleccionado en el Festival Internacional de Documentales de Ámsterdam.

[2] Sobre el cine digital en Kenia, y en concreto, sobre el festival Slum Film Festival, Federico Olivieri tiene un interesante y recomendadísimo artículo titulado: «Digital cinema and urban identities in Nairobi: the Slum Film Festival«.