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La esclavitud de San Valentín

Foto: Sebastián Ruiz

Detrás de las bambalinas de las multinacionales de venta de flores, nada es lo que parece. La región de Naivasha (en Kenia, a 1.890 metros de altitud), en el valle del Rift, es la savia que da vida a casi el 70% de las fincas que se dedican al cultivo de las flores en el país, el primer exportador a Europa.

Un producto estético, de lujo y con una cargada simbología romántica de la que se hicieron eco los productores ingleses y holandeses durante la década de los ochenta cuando se pusieron manos a la obra: el día de San Valentín, el día de la Madre y Navidad son los picos de ventas. “¿Por qué gastarme 300 chelines –unos 3 euros– en una rosa para mi mujer si con ese dinero puedo comer durante dos días? Esta es la razón por la que los kenianos nunca antes habíamos prestado atención a este negocio”, comenta uno de los jefes de producción de Karuturi en un despacho modesto pero con aire acondicionado. Fuera, la temperatura es de 27 grados; bajo el mar de plásticos de los invernaderos, caen a 51.

Así es Naivasha. Un zona rota del mapa con precipicios constantes. Puedes hospedarte en uno de los hoteles de lujo que rodean el lago homónimo por 250 euros por noche, pasear en barco para ver a la colonia de hipopótamos, o hacer una excursión en bicicleta al Parque Nacional Hell’s Gate, donde puedes encontrar un guía por un modélico precio.

Foto: Sebastián Ruiz

En el extremo opuesto, a escasos metros, la imagen daliniana de las casas de los trabajadores de Karuturi, donde unas 2.300 familias conviven en un laberinto de incertidumbre y pobreza al costado de la carretera. Una única habitación, con baños compartidos para toda la comunidad y unos salarios que oscilan entre los 30 y los 85 euros según la antigüedad. A ellos no le salen las cuentas para vivir.  En Naivasha todo el mundo tiene algún familiar o conocido que trabaja en los invernaderos de flores de Karuturi. Nadie bromea con esto. El gesto de Beth (nombre ficticio para no comprometerla, como otros en este reportaje) se tuerce acompañado de una plegaria cuando le preguntas. “Yo misma estuve trabajando en Karuturi durante dos años pero envejecí demasiado rápido… Tuve la suerte de que uno de los hoteles de la zona buscaba personal de seguridad y me seleccionaron a mí. El problema es que si no tienes alternativas no puedes escapar”.

El salario es tan bajo (aproximadamente 1,25 euros al día) que un simple viaje al pueblo vecino se vuelve insostenible para la familia. Jornadas laborales de siete de la mañana a cuatro de la tarde se ven obligatoriamente compaginadas con otros trabajos, como la venta ambulante de productos de primera necesidad, las bicicletas-taxis o la prostitución a cambio de unos chelines extras que permitan comer caliente.

En septiembre de 2007, los horticultores holandeses Gerrit & Peter Barnhoorn, propietarios de la empresa Sher, vendieron sus terrenos a Sai Ramakrishna Karuturi, un empresario de origen indio y dedicado también al negocio de las flores “y desde entonces, todo ha ido a peor. No es que las condiciones con los holandeses fueran mejores, pero ahora prácticamente nos estamos muriendo”, sentencia Robert, un empleado que lleva en la empresa 14 años. Esta multinacional tiene sus campos de producción de rosas en Kenia, India y, desde hace unos años, también en Etiopía, el segundo exportador más grande de flores en África después de Kenia.

Foto: Sebastián Ruiz

En concreto en el lago Naivasha, las extensiones de Karuturi alcanzan las 188 hectáreas, de las cuales alrededor de 135 se encuentran en invernaderos y 42 en cultivo abierto. Pero los cerca de 5.000 trabajadores (mayoritariamente mujeres) no parecen sentir como algo propio este logro. Bajo los plásticos se respira calma tensa. Te observan con una mirada perdida, que intranquiliza aunque nada digan. Aquí dentro, opinar es un acto de rebeldía. Basta observar: manos que podan rosales sin guantes, piel atrincherada de tanto trabajar en cámaras frigoríficas sin abrigos térmicos a cuatro grados bajo cero, o la alta exposición a los productos químicos.

Un responsable de recursos humanos de la empresa se excusa: «Hay muchas renovaciones de contratos nuevos y los trabajadores no se acostumbran a utilizar la ropa de trabajo». Con respecto al resto de condiciones laborales, asegura que son «normales» y que «cumplen con todas las normativas».

Venta ambulante, bicis-taxi o prostitución son empleos que suelen complementar un salario exiguo

Nuestro guía explica algunos pormenores de camino a su casa mientras se quita la bata azul descolorida: “Sinceramente, creo que la situación de las mujeres es lo peor de todo. Es muy deprimente. Muchas tienen contratos temporales… ¡A veces durante años! Cuentan con menos derechos a la hora de las vacaciones, enfermedad o maternidad. ¿Sabes? Es muy corriente que sufran acoso sexual de sus superiores”, expresa indignado este keniano nacido en un pequeño pueblo frontera con Uganda.

Foto: Sebastián Ruiz

La información de la ONG británica War on Want confirma que aproximadamente un 75% de los empleados son mujeres, además de que una gran proporción de ellas son solteras con hijos. “¿Te puedes imaginar lo difícil que es combinar el trabajo con la maternidad? La situación que padecemos es angustiante y afecta tanto a los niños como a los bebés que se quedan solos en las casas que están delante de los invernaderos”, puntualiza Alice, una de las trabajadoras. Ella, por la tarde, vende huevos delante de la salida principal de la empresa.

Con el tic-tac consumiéndose antes de la festividad de San Valentín, la multinacional controla al detalle todos los procesos de la producción: el corte de la rosa; su clasificación por variedad y tamaño; su conservación durante algunas horas en cámaras frigoríficas; el transporte en camiones acondicionados desde la plantación hasta el aeropuerto; y el envío aéreo mediante la compañía Flowerwings hasta Ámsterdam. Owarendo, uno de los jefes de ventas de la empresa en Naivasha, se enorgullece mientras paseamos por el sector 2 de la plantación: “Una de cada nueve rosas que se consumirán en Europa el 14 de febrero tendrán como origen Kenia”, sonríe. Según el consejo de flores de Kenia, alrededor del 97% de las exportaciones van a la UE. Oportunidades de trabajo, sí, pero sin reglamentación laboral debida.

Foto: Sebastián Ruiz

“¿Las condiciones de los trabajadores? La verdad es que estamos teniendo algunos problemillas pero no se pueden quejar en comparación con otros sectores. Les ofrecemos alojamiento, educación y sanidad gratuitamente”, asegura. E insiste en mostrar los últimos adelantos en el sistema de riego automatizado. “Una gran inversión”, explica. Pero este keniano de casi un metro noventa no queda satisfecho con su argumentación: “Mira, yo si me pongo enfermo no me lo pienso dos veces: voy a un hospital privado. El que tenemos aquí no es muy de fiar”.

Si eres trabajador de base en el imperio de la rosa tienes derecho a una vivienda y unos servicios sociales gratuitos. Pero hay letra pequeña: en las habitaciones a veces conviven hasta ocho personas; no tienen electricidad aunque sí agua potable; los familiares que deciden enviar a sus hijos a la escuela secundaria tienen que pagar unas tasas elevadas; el hospital de la empresa actualmente se encuentra cerrado y sin medicinas, por lo que los pacientes deben desplazarse hasta el pueblo vecino con una cuota mínima de 10 euros por la consulta; y por último, todos los trabajadores tanto en el interior de los invernaderos, seguridad, servicio de limpieza, hasta profesores y médicos llevan, según ellos, sin cobrar cuatro meses. La empresa alega que está en un periodo de crisis y «reajuste económico».

El 75%  de los empleados son mujeres, muchas solteras y con hijos

No hay que alarmarse. El te quiero globalizado y la rosa de San Valentín camuflarán esta suerte de explotación silenciosa. Ante tal panorama, el domingo se convierte en un día de esperanza para muchos de los aquí empleados. Cerca de los invernaderos, en una carretera de unos tres kilómetros de largo, al menos 10 iglesias con diferentes nombres abren sus puertas de par en par para recomponer almas y cuerpos de los empleados. Todos son bienvenidos bajo el mensaje: “Deja de sufrir. Dios murió por nosotros”. Philip, pastor de 37 años, acaba de cerrar su biblia subrayada y lanza un grito de alarma. “La solución pasa por nuestro gobierno y por los propios consumidores en Europa. No tienen que dejar de comprar rosas sino exigir a empresas como la nuestra que respeten la dignidad humana”.

Foto: Sebastián Ruiz

El sector en cifras

  • Kenia es uno de los exportadores de flores más importantes del mundo y el proveedor más grande de la Unión Europea, contribuyendo con más del 35% de todas las ventas. Los principales mercados de la Unión Europea son Holanda, Reino Unido, Alemania, Francia y Suiza.
  • Se estima que en Kenia unas 500.000 personas dependen de la industria de las flores, incluyendo los 90.000 trabajadores empleados en los invernaderos.
  • En los últimos cinco años, Etiopía se ha convertido en el segundo exportador más grande de flores en África después de Kenia.
  • Los principales mercados mundiales consumidores de flores son Alemania, Estados Unidos, Francia, Reino unido, Holanda, Japón y Suiza.

*Fuentes: Kenya Flower Council, KenInvest y Eurostat

Foto: Sebastián Ruiz

Si Lincoln levantara la cabeza: ¡Negros por todas partes!

Cine africano. Fotografía realizada por Andrea Frazzetta

Cine africano. Fotografía realizada por Andrea Frazzetta

 

Las visiones diferenciadas de la Guerra de Secesión estadounidense que ofrecen Spielberg, con su película Lincoln, y Tarantino, con Django desencadenado, conducen a un clima previo a la celebración de los Óscar enmarcado en el sentimiento patriótico a la bondad de la nación. Que cada cual dé el Si bemol que crea oportuno pero sí, el pasado 31 de enero se cumplían 148 años de la fecha en la que oficialmente se abolió la esclavitud en los EEUU con la celebrada Decimotercera Enmienda; corría el año 1865. Antes, fue Inglaterra, en 1807, proclamando la Abolition Act (Ley de la abolición) aunque no se haría efectiva hasta que en 1832 se aprobó con aplicación inmediata a todas las colonias inglesas.

El silencio otorga privilegios y es así que la contraparte histórica tiende a ser ocultada en ambos guiones hollywoodienses sin incidir en la raíz de la temática que abordan: ¿Por qué se abolió la esclavitud? Lejos de posiciones irreductibles, parece interesante subrayar que una de las motivaciones de este cambio de mentalidad fue el peso del dinero. Cuando la actividad de la esclavitud comenzó a teñir de rojo las cuentas, es decir, a convertirse en una actividad antieconómica, se produjo un cambio en los internationals affairs (asuntos internacionales) de las metrópolis, especialmente en la más interesada en modificar el estatus de la población negra: Inglaterra.

El gasto que suponía la inversión en esclavos ofrecía unos réditos muy lentos para su amortización y, claro, había que buscar cómo mantener los mismos beneficios. La solución tuvo por nombre lo que se ha conocido como II Revolución Industrial, o, en el argot económico de la época, invertir en actividades industriales de rápido retorno, para lo cual se necesitaban dos cosas: por un lado, obreros y, por el otro, consumidores, un tipo de economía enemiga del régimen esclavista.

PAFF

Y tanta historia ¿para qué? Este jueves sube el telón la XXI edición del Festival Panafricano de Cine (PAFF), el mayor y más prestigioso festival en Norteamérica que acerca lo mejor del panorama cinematográfico negro del 7 al 18 de febrero. Ubicado en Los Ángeles, el PAFF brindará al público estadounidense, durante 11 días y en más de 150 pantallas, una mirada a los últimos trabajos cinematográficos realizados por o sobre personas de ascendencia africana. Fundado en 1992 por el premiado actor Danny Glover (El color púrpura) y el director ejecutivo Ayuko Babu, el PAFF será reconocido este viernes 8 por su contribución a las artes cinematográficas, un premio que se lo entregará la African American Film Critics Association (AAFCA).

Bajo este marco ¿hay un momento más acertado para hablar de la esclavitud, uno de los temas enquistados en los Estados Unidos? En el 148 aniversario de la Proclamación de la Emancipación, el todopoderoso Hollywood ha encontrado ciertamente el momento perfecto y las historias perfectas para que tanto aficionados al cine como sus críticos afilen sus plumas y disfruten del séptimo arte en su vertiente más histórica. La película Lincoln está nominada a 12 estatuillas Óscar y Django desencadenado a 5. Trabajos diferentes. Perspectivas diferentes. Y, sin embargo, la esclavitud sirve como telón de fondo narrativo al mainstream. Precisamente durante el PAFF se analizará minuciosamente el tema de la esclavitud tanto en las películas programadas como en la mesa redonda programada para este domingo 10 y titulada: “Django desencadenado: una discusión sobre la esclavitud y el 150 aniversario de la Proclamación de Emancipación”.

Uno de los objetivos del PAFF reflejados en su página web es presentar y mostrar las obras creativas realizadas por la comunidad negra, particularmente aquellas que refuerzan una imagen positiva. Por ello, Ayuko Babu, el director ejecutivo del festival, y entrevistado tras conocerse el premio que le concedería la AAFCA, incidía en este punto: “Cuando comenzamos este festival hace 21 años, sabíamos que había mucha hambre y demanda por ver imágenes positivas de los negros en las grandes pantallas de todo el mundo. Con los años, hemos trabajado muy duro para que nuestras manos dejen constancia y se aprecien en el pulso del mercado cinematográfico internacional”.

Volviendo a 1865. Como afirmaba en un artículo reciente Vicençs Navarro, Lincoln no pretendía “eliminar el capitalismo, sino corregir el enorme desequilibrio existente en él, entre el capital y el trabajo (…) llevando su postura a altos niveles de radicalismo en su compromiso democrático. Es una tergiversación histórica ignorar tales hechos, como hace la película Lincoln[1].

De Los Ángeles al corazón de Europa: la Berlinale

Berlinale2013

Una calle de Berlín anunciando su festival más importante.

 

Las coincidencias azarosas de la gran pantalla provocan que la ciudad que se ha erigido como buque insignia europeo, Berlín, sea también desde el jueves una buena oportunidad para ver cine africano. La 63 Berlinale (7-17 de febrero) encenderá sus motores en uno de los festivales más esperados cada año y antesala de la ceremonia de los Premios Óscar.

En esta edición, la película sudafricana Layla Fourie es una de las nominadas al Oso de oro. Su directora, Marais Pia, con residencia en Berlín desde hace varios años, nació en Johannesburgo y ha vuelto a su tierra natal para retratar en este thriller político las todavía huellas del aparheid. Otra de las películas que llegan desde el sur del continente es Elelwani, del director sudafricano Ntshavheni Wa Luruli.

Los otros films africanas que estarán presentes en esta 63 edición de la Berlinale son estas: desde Guinea Bissau, nos llega el primer largo del director Joao Viana, La batalla de Tabato; desde Costa de Marfil, el trabajo de Lonesome Solo con su Burn It Up Djassa, una radiografía artística de la vida en uno de los suburbios de Abidján, la capital marfileña; la directora de la diáspora afroamericana Akosua Adoma Owusu, presenta su cortometraje Kwaku Ananse, ambientado en Ghana; y, por último, desde Egipto nos llega la película Coming forth by day de Hala Lotfy, quien en 2010 fundó una productora independiente llamada Hassala Productions.

 

Publicado en Wiriko

Mauritania, entre la esclavitud y la lucha por la democracia

Una vez más, las miradas en Occidente se vuelcan hacia los países vecinos del norte de África. En esta ocasión ha saltado a la palestra informativa Mauritania y el terrorismo. Leer más